dimarts, 23 de juliol de 2013

Comentario de ST a propósito de la vida social en las Casas Baratas de Can Tunis en los años 60

Una de las fotos del libro de Pere Sánchez

A la entrada en que reproducía el artículo de Marc Dalmau sobre el libro de Pere Sánchez Rastros de rostros en un prado rojo (y negro) (manueldelgadoruiz.blogspot.com.es/2013/07) hizo un comentario ST, un lector del blog cuyas consideraciones siempre se me antojan sabias y pertinentes. He pensado que merece ser destacado 


Lamento no poder leer el libro, pero en lo tocante a Las Casas Baratas de Can Tunis no acabo de entender el contexto del artículo en lo concerniente a luchas sociales; o bien pertenece a otro tiempo o noticias que no dispongo.


Pasé mi infancia entre los años 60 al 67 (más o menos) en las Casas Baratas, y puedo asegurar que en lo tocante a resistencias sociales no había nada de nada. Mi padre que era comunista (evidentemente en aquellas épocas, no se lo contaba a un niño de seis años) no guardaba relaciones sociales en el entorno o también me acuerdo de mi tío Paco, que debió ser un antifranquista y solo se desfogaba en los partidos del Barça-Madrid, que los veía en su bar el Eduardo Aunós, que creo daba nombre oficial al barrio. 

Paco Candel hizo una descripción perfecta de lo que era el barrio en Donde la ciudad cambia su nombre. Tal cual. Conocí a parte de sus protagonistas, como el Perchas, del cual me acuerdo con la cabeza rota por un plato que le había estampado su mujer . La pelea, como todas (eran muy frecuentes) se desarrollaba en la calle y la gente se reunía en corro alrededor de los litigantes, como un coro griego que a veces prestaba voz o admoniciones a alguna de las partes. 

Las casas baratas son un ejemplo de cómo se expresa la vida en círculos de sectores excluidos con fuertes vínculos sociales y antagonismos grupales. No obstante eran un paraíso para los niños que vivíamos fascinados incluso ante el peligro de inundaciones, único momento en el cual la gente solía ir a la parroquia de N. S. del Port, porque además de poner una vela a Dios allí nunca llegó el agua. Ir a Sants (donde estaban las duchas más cercanas) era como la hostia. Además la marginalidad tiene buen ojo para el comercio, y los niños deshacían regaliz en botellas de agua y la vendían a un céntimo el vasito. Pero me da que no han tenido que tener mucha suerte en los negocios gordos. En fin, primo legionario, que lo fue por cuernos de un recién matrimonio por penalti a los 16 y que se jubiló de comandante del tercio y luego otros arrasados por la droga, que nunca dejó de estar presente en la historia del barrio (entonces la llamaban grifa). 

Quizás haya medrado un vecino de mi edad que pegó un braguetazo con la hija de un constructor cercano a Convergencia. Ya entonces habrían demolido las casitas y se habían trasladado por Minería y entornos o a Bellvitge. Este vecino tenía que acabar bien, pues le acontecía que cada vez que salía de Catalunya le daba una especie de alergia que no le dejaba respirar y estos males se le pasaban de golpe cuando entraban en Tortosa, si venían del sur -su madre y abuela eran de Granada- respirando entonces divinamente. Por lo demás era el preferido de madre y abuela y un pelota de los curitas del San Raimundo de Peñafort, que recalaban los domingos para impartir cine, ideología y buenas costumbres. En fin, que a estas alturas, cómo no voy a creer en el mas allá, tan tentador como terrorífico (para una mente amaestrada en comunes usos degenerativos).

Las casas baratas fueron el sabor confundido de los muertos (Montjuïc enfrente), de la esperanza (una juventud avanzada en modas musicales, campeones del twist) y la desilusión de que ni contigo ni sin ti, tienen mis penas remedio. 

ST




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