dimarts, 23 d’octubre de 2012

El Forat de la Vergonya y el mito romántico del anarquismo catalán


Foto de Gerard Girbes
Notas para una investigación en marcha de Ariadna Maestre sobre turismo político en Barcelona.

He estado unos días en Estados Unidos para una cosa que montaba el Institut Ramon Llull en la Columbia University sobre el movimiento obrero catalán. Ha habido algunas cosas en estas jornadas –dentro y fuera de los contextos académicos– que me han hecho pensar en tu proyecto. Lo primero fue la cena con Michael Taussig y un grupo de estudiantes. Estuvimos charlando de cosas diversas hasta que en un momento dado Michael, y con él los demás presentes, expresaron su interés en saber hasta qué punto continuaba vivo el movimiento anarquista en Barcelona. En ese momento volví a tener la sensación que antes, en otras situaciones y con otros amigos y amigas extranjeros o en el extranjero, había tenido de que cierta imagen de Barcelona estaba muy ligada a la historia del movimiento anarconsindicalista. Por supuesto que nada ni nadie podría cuestionar el papel del libertarismo y de la CNT en las luchas proletarias catalanas, pero mis interlocutores extranjeros –tanto los ansiosos por venir a Barcelona, como los ya instalados en ella– se sorprendían cuando les explicaba, por ejemplo, que la CNT había sido clave para sofocar la insurrección contra la Generalitat en mayo del 37, o que nunca, en todos mis años de militancia antifranquista, ni en la lucha ni en la cárcel, hubiera conocido nunca un anarquista, lo que se explica por la relativamente escasa contribución libertaria a la lucha contra el fascismo, al menos en la etapa en que la viví desde dentro.

Alguna de las claves de este fenómeno –el de la fascinación por un anarquismo heroico, épico, sin contradicciones– aparecieron sugeridas en el encuentro que al día siguiente tuvimos en la Columbia University, que presentaba y coordinaba un profesor de allí, Jesús Rodríguez Velasco, excelente persona y gran erudito, por cierto. Éramos Josep Maria Fradera, Aurélie Vialette, Román Gubern y Mary Nash. En un momento dado, apareció el tema de cómo la novela de Georges Orwell Homenaje a Cataluña había contribuido a proyectar internacionalmente esa imagen de la Barcelona rebelde, que por supuesto estaba justificada y no era nueva –las alusiones de Engels a lo que luego sería la Rosa de Fuego son un ejemplo–, pero que ahora aparecía en cierto modo distorsionada por la mirada de alguien –Orwell– que no entendía del todo los hechos y dinámicas de los que estaba siendo al tiempo protagonista y testigo.

¿Por qué te digo esto? Porque creo que es la pista de que te corresponde seguir, el elemento que puede añadir originalidad a tu proyecto de investigación sobre los usos del Forat de la Vergonya.

Me explicaré. Hasta ahora lo que tenemos es algo que ya se sabía. El conflicto del Forat de la Vergonya es un ejemplo perfecto tanto de los efectos sociales de la depredación capitalista de Barcelona como de la complicidad en ello de la Administración presuntamente de “izquierdas” que ha gobernado la ciudad a lo largo de décadas. A su vez, el Forat también ejemplifica las resistencias vecinales a esa dinámica de apropiación de la ciudad y también la capacidad de los vecinos de desarrollar una creatividad formal en el campo del diseño urbano que se ponga al servicio de sus propios intereses. Por otra parte, otra línea que estabas apuntando es la de los usos sociales de la plaza, lo que convertía tu proyecto en un ejemplo de etnografía de espacios públicos urbanos.

Tenemos pues dos asuntos: A), el de las consecuencias sociales de la conversión del espacio urbano, tanto público como construido, en negocio, y consecuencias tanto en forma de exclusiones como de luchas; B), el de la forma como la plaza se emplea por parte de sus usuarios. Lo que te propongo es que desarrollemos la cuestión intercruzando las dos líneas poniendo el acento en un aspecto particular. Te propongo que tu investigación verse, como ya medio decidimos,  sobre la apropiación que hacen de la plaza usuarios que acuden a ella como visitantes que aspiran ver confirmadas las pruebas actuales de que Barcelona continua siendo rebelde y que lo expresa no sólo en el campo de la acción social, sino también en el de la especulación formal. Estoy hablándote de ese público que registra con cierta regularidad la plaza de transeúntes que acuden atraídos a la zona por su valor paradigmático como expresión duradera del auge de los movimientos sociales en Barcelona, actualización a su vez de una supuesta tradición libertaria surgida a su vez de un determinado imaginario de origen en buena medida literario sobre la ciudad.

Estoy hablándote del Forat de la Vergonya como hito para un cierto tipo de turismo culto y cultural, que se habría sentido atraído por una variante del “modelo Barcelona” que podríamos llamar “modelo Barcelona libertaria”, del que propuestas de iniciativas como las que representa, pongamos por caso Turismo Táctico serían un ejemplo. Estamos hablando, al fin y al cabo, de un ejemplo tampoco tan singular de lo que se da en llamar “patrimonio histórico”, aunque los hechos emblemáticos que se consideran heredables –en eso consiste el patrimonio– sean recientes. Ya sé que no es lo mismo, pero sí…, si que es lo mismo.

Estamos hablando de un tipo de turismo que practican quienes odian el turismo, a cargo de unos turistas que odian a los turistas; rastreadores de la historia oficial de quien están en contra de la historia oficial. Mira, por ejemplo, lo que se hace en Barcelona a partir de mañana al servicio de lo que se presenta a sí mismo como “turismo radical”: bcn2012meet.blogspot.com.es/Otro ejemplo es la la página Barcelona Rebelde, barcelonarebelde.wordpress.com, que proclama que su objetivo es hablar de la Barcelona de la que no hablan las guías, lo que resulta una paradoja, porque el blog es él mismo sin duda, se pongan como se pongan sus responsables, una guía. Además, lo que dice tampoco es exactamente cierto. Existen guías de esa naturaleza. Una es La Barcelona rebelde. Guía de una ciudad silenciada, coordinada por Dolors Marín, Manel Aisa y otros y publicada por Octaedro en 2004. Otra parecida es Barcelona rebelde. Guía histórica de una ciudad, de Guillem Martínez, publicada por Debate en 2009. No conozco esta última, pero sí la primera, de la que escribí el prólogo para la edición alemana, Rebellisches Barcelona –en Nautilius en 2007 –titulé el texto “Feuerose” y te adjunto su original en español– y que, en efecto, presta al Forat de la Vergonya una atención especial como ejemplo de vigencia de la ingobernabilidad social de la ciudad. El artículo sobre el Forat está en el capítulo dedicado a Ciutat Vella, justo antes del dedicado al Cine Princesa y su desalojo en 1996.

La cuestión es que yo pienso que deberías orientar hacia ahí tu trabajo. Ya lo estabas haciendo, pero ahora de manera todavía más decidida, puesto que es es un asunto de una gran originalidad y supone una contribución importante a los estudios sobre turismo, de los cuales, por cierto, deberías considerar como punto de partida la tesis doctoral recientemente publicada de Saida Palou, que dirigió Llorenç Prats, “Barcelona, destinació turística. Promoció pública, turismes, imatges i ciutat (1888-2010)”. Está colgada en tesisenred.net/handle/10803/21771 y está también publicada en forma de libro como Barcelona, destinació turística. Un segle d’imatges i promoció (Vitel.la).

Sobre todo, fíjate en la parte destinada al turismo cultural, del cual las rutas libertarias no dejaría de ser una expresión en clave “comprometida”, “implicada”, etc. El turismo cultural es una especie de variante elitista del turismo ordinario. Hay varias definiciones, pero, por si te sirven, te adjunto un par de cosas que escribí sobre el asunto. “Trivialidad y trascencencia. Usos sociales y culturales del turismo cultural”, en Jorge Larrosa y Carlos Skliar, eds., Habitantes de Babel. Política y poéticas de la diferencia, Laertes, Barcelona, 2000, pp. 245-276, y una ponencia que titulé “Efectos sociales y culturales del turismo en las ciudades históricas” y que presenté en el Congreso Internacional sobre el desarrollo turístico integral de ciudades monumentales, Granada, 19-22 febrero 2002.

La bibliografía es muy amplia y una idea general sobre las problemáticas del papel del turismo cultural –variante política– y otros temas, como el del patrimonio cultural, por ejemplo, puedes obtenerla de buenos manuales e introducciones que te pondrán al corriente de las líneas básicas de esos campos. Pero hay un libro que sí que valdría la pena que buscases. Se titula significativamente Tour-ismes. La derrota de la disidencia y es como el catálogo de la exposición que con ese título se hizo en la Fundació Tàpies en el 2004. Allí, además de un texto mío, tienes un aporte de Turismo Táctico y otro de Marcelo Expósito sobre la ruta anarquista de Barcelona que te van a interesar. En general, todo lo que han escrito Agustín Santacana y/o Llorenç Prats es valioso en estos temas de turismo y patrimonio. Precisamente acabo de recibir noticia -Llorenç me acaba de dejar fotocopia de su artículo- de la publicación de una compilación editada por los dos: El encuentro del turismo con el matrimonio cultural: concepciones teóricas y modelos de aplicación (Fundación El Monte). Es del 2005. Pídelo, porque he visto el índice y te hes idóneo.

Estaríamos hablando, en su aspecto más genérico, de lo que se conoce como turismo político. Tienes abundantes referencias actuales al que se practica con destino a los países árabes, a Venezuela, a Cuba… Conocí de cerca, cuando estuve en San Cristóbal de las Casas, el caso espectacular del “zapatour”,  no relativo a la marcha zapatista sobre DF en 2001, sino el atractivo ciertamente turístico que es la experiencia zapatista y sus concreciones en Chiapas. Hay un capítulo muy interesante sobre el asunto en el libro Global Studies Media. Ethnographic Perspectives, de Patrick Murphy (Routledge). Hay muchos más ejemplos, algunos relativos, pongamos por caso, a la España republicana. Busca, si te apetece, el artículo “El turismo político durante la Guerra Civil: viajeros británicos y técnicas de hospitalidad en la España republicana, 1936-1939”, de Hugo Garcí, en el número 64 de la revista Ayer. Mira a ver si encuentras el libro Political Tourism and Its Texts, de Maureen Anne Moynagh (University of Toronto). Aparte, y sobre las maneras “turísticas”, por así decirlo, de usar determinados espacios urbanos, hay dos artículos interesantes: el de C.A. Greenblat y J. H. Gagnon (1983) "Temporary strangers: travel and tourism from a sociological perspective", Sociological Perspectives, 26: 89-110, y el de D. MacCannell (1973) "Staged authenticity: arrangements of social space in tourist settings", American Journal of Sociology, 79: 589-603.

No olvides la dimensión política de los efectos de ese tipo de turismo de élites en busca del patrimonio histórico-político de Barcelona, no sólo para comprobar su vigencia, sino para contribuir a su continuidad. Su caricaturización se ha concretado en la crítica que la derecha actualmente gobernante en la ciudad —CiU y el PP– había estado lanzando contra el supuesto “turismo insurreccional” que los ayuntamientos barceloneses nominalmente de izquierdas habían estado promocionando, al que se atribuyeron todo tipo de disturbios y alternaciones del orden público. Recuerda asuntos tan casi cómicos como la de los famosos “italianos anarquistas” que habían llegado a la ciudad para practicar lo que podríamos llamar un turismo “activista”, en cuyo entretenimiento se incluía la quema compulsiva de contenedores y las prácticas de okupación y, más en concrreto, la quema de contenedores.

Lo que estoy apuntándote es que la Barcelona “libertaria”, cuya vigencia se concretaría en lo que podríamos llamar “Barcelona antisistema”, sería, técnicamente al menos, una expresión más de tematización, en el sentido que Niklas Luhmann, en Sistemas sociales. Lineamientos para una teoría general, (Anthropos/Universidad Iberoamericana), da al término para conceptualizar la reducción a la unidad de que una determinada realidad puede ser objeto, con el fin de reducir sus índices de complejidad y orientar su percepción en un sentido homogéneo y compartible, sometimiento de la vida social a una simplicidad representacional inspirada en lugares comunes que son permanentemente enfatizados.

Lo que te estoy proponiendo es que te centres en ese asunto, lo que, a efectos de lo que has estado haciendo, no supone otra cosa que escoger una marco teórico y una problemática más concreta que la que inicialmente previste: la tematización turística de signo político, como una variante de turismo cultural y pretendidamente y pretenciosamente de élites. No cambia nada en relación a tu proyecto. Continuas manteniendo tu descripción de la lucha vecinal a propósito del Forat, como referente histórico, y atiendes las apropiaciones sociales actuales de aquel espacio. Lo único que te propongo es que recortes aquellas prácticas sociales asociadas al turismo, es decir aquellos usuarios que acuden al lugar y lo recorren ávidos por confirmar la vigencia y la vitalidad de lo que se les ha dado a imaginar que es la Barcelona insolente e ingobernable.




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