dimarts, 4 de novembre de 2014

"¿Cómo sabemos lo que creemos saber?", prólogo para el libro de Joan Uribe "Terro..., ¿qué?", que Edicions Bellaterra no publicó en 2008


En noviembre de 2008 mi amigo Joan Üribe me pidió un prólogo para su libro Terro… ¿qué?, que la Edicions Bellaterra había aceptado para su publicación. Al final, la editorial cambio de parecer y decidió no editar el libro. Creo que este espacio es el adecuado para recuperar lo escrito entonces para una obra y un autor que lo merecían.
  
¿CÓMO SABEMOS LO QUE CREEMOS SABER?
Manuel Delgado 

¿Cómo sabemos lo que creemos saber? ¿Por qué es tan obvio lo obvio? ¿De dónde nos viene la certeza con que decimos, por ejemplo, “por supuesto”, “naturalmente”, “por descontado”? Esas preguntas deberíamos repetírnoslas una y otra vez, como un acto de prudencia y humildad, antes de abordar tantas de las cuestiones importantes que preocupan a la sociedad en que vivimos. En cambio no sólo no es así, sino que hemos acabado por dar por buenas infinidad de presunciones que, sometidas a disección, en seguida revelarían todo lo mucho que en ellas hay de ideología, prejuicio o simple lugar común. Hemos presumido vivir en un mundo de luces y de razón, pero a uno se le antoja que atravesamos una especie de nueva Edad Media, en la que nuevas supersticiones ocupan el lugar de aquellas otras que creímos haber superado. En ese panorama, lo difícil es decir otras cosas. Se puede llevar la contraria, colocarse en posiciones antagónicas a las oficiales o mayoritarias, pero lo que no se puede es cuestionar las premisas de las que esas posiciones beben y que su impugnación en el fondo acaba reforzando. En una palabra, no es que las cartas estén ya marcadas, sino que la mesa de juego está coja y en ella ya no se puede jugar.

Contra la naturalización de lo que no es sino tópico –es decir contra la aceptación como natural y por tanto irrevocable de lo creído y de lo pensado por los poderosos o por las mayorías sociales– que este libro quiere y debería ser instrumento. Pocos terrenos como los de la inmigración y la lucha contra las viejas y las nuevas formas de exclusión social más necesitados de esa revisión a fondo de lo dado por sentado. Pocos ámbitos en que es más urgente reconocer que estamos dándole vueltas a esos asuntos casi siempre a partir de preceptos teóricos que tienen muchas veces no poco de perverso, precisamente porque se nos aparecen y los asumimos camuflados de buenas intenciones igualitaristas. Y no es cierto. No es cierto que los remedios contra la tendencia que el tiempo en que vivimos experimenta a negar, perseguir, hostigar o maltratar a ciertas personas o ciertos grupos consistan en aumentar las dosis de buenos sentimientos y de practicar lo que parece un lenguaje políticamente correcto y no es otra cosa que pura hipocresía.

Hay, por tanto, que repasar esa factura que hemos y sobre todo han de pagar los más vulnerables. Es preciso abrir en canal los conceptos y las categorías y ver de qué están hechos, cuáles son sus ingredientes reales, de dónde proceden, a dónde conducen y qué están diciendo sin decir, esto es qué mensajes ocultos comportan y nos hacen transmitir sin que nos demos cuenta. Es en esa tarea –que se corresponde con aquello que en otros tiempos se llamó lucha ideológica– que Joan Uribe y su libro nos convienen. Y lo más interesante es el aspecto que adopta su mensaje. Curiosamente parece un libro de divulgación para jóvenes –y sin duda lo es..., además–, cuando debería ser de lectura obligatoria para todos aquellos supuestos adultos que creen saberlo todo y no se dan cuenta de hasta qué punto nadan en un mar de desconocimiento y trivialidad.
  
¿Qué quiere decir “inmigrante”? ¿Todos somos racistas, como preguntan estúpidamente los medios de comunicación? ¿Qué implica ser “racista” y qué significa en realidad esa etiqueta? ¿Cuál es la responsabilidad que le corresponde a los poderes políticos y mediáticos en la instauración de criterios excluyentes de clasificación de las personas? ¿Qué es el “integrismo musulmán”? ¿A quién beneficia el miedo que, a su vez, justifica las “actuaciones preventivas” de represión contra los débiles? Esas son algunas de las cuestiones que el diálogo de Uribe con sus imaginarios interlocutores juveniles plantea. Su principal mérito es que no las responde sino de forma más bien provisional y con un cierto punto de distanciamiento y de inteligente inseguridad. Y es que el objetivo no es brindar contestaciones rotundas –el mercado ideológico está saturado de ese tipo de productos, no pocas veces adulterados o de pésima calidad–, sino precisamente el de formular preguntas, que es en lo que consiste el verdadero pensamiento crítico, con perdón del pleonasmo, pues no se concibe un pensamiento que, para serlo, no sea o acabe siendo crítico.

Joan Uribe ha tenido buenas razones para sentirse concernido a escribir  estas reflexiones que ahora compartirá con nosotros. Como antropólogo sabe que no hay mayor desconfianza que la que merecen las cosas “evidentes” y que pensar es pensar en contra, es decir dudar, hacerse preguntas, plantearse la génesis de cada tema y ver cómo se han construido sus presupuestos. Al mismo tiempo, como profesional que ha tenido que vivir a ras de suelo, cerca o en el medio mismo de los acontecimientos, es consciente de que lla segregación, la discriminación, la distribución de marcas denegatorias y de estigmas no son cosa de conductas desviadas o de morales averiadas que pueden ser corregidas mediante la debida reeducación en los “grandes valores”. Lo que humilla al otro encuentra su raíz no en los comportamientos en si, sino en las estructuras, en la forma como una sociedad como la nuestra no sólo genera injusticia, sino que se nutre de ella, la necesita para funcionar, porque es su combustible fundamental.

Hoy no sólo se lucha por un mundo libre y justo –siempre en cierta forma en vano, porque nunca lo será lo bastante libre y lo bastante justo–; se lucha por retornar a las palabras su sentido, volver a llamar a las cosas por su nombre, renunciar a los conceptos balsámicos –multiculturalismo, interculturalidad, diversidad cultural, ciudadanía, tolerancia....– y volver a decir explotación, injusticia, arbitrariedad... Para ello el esfuerzo debe ser obligarle al mundo a mostrarse como es, sin disfraces, sin máscaras. Porque hoy no nos relacionamos ni con las cosas ni con otros seres humanos, sino con lo que de ellos se dice o se cuenta, como si en lugar de la realidad hubiera ahora una niebla hecha de discursos distorsionadores y de supercherías simplificadoras. En eso consiste la utilidad de este libro, que nos invita a ser de nuevo escolares dispuestos a aprender lo ignorado o a recordar todo lo que un día supimos y hoy hemos olvidado. Joan Uribe nos hace tener bien presente que si queremos cambiar el mundo, lo primero habrá de ser atrevernos a mirarlo a la cara.

[La imagen que ilustra la entrada es de un cartel islamófobo y está tomada de la página Alerta Islàmica, alertaislamista.blogspot.com, que acaba de fusionarse con otra página, proucomunisme.blogspot.com, ambas prueba de que también existe una una extrema derecha en el seno del catalansimo independentista]


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