Como le dije, le corresponde contribuir a la vindicación del
dibujo como técnicas de recogida de aspectos de la realidad que el etnógrafo
contempla que no pueden ser captados de otro modo. Ya le dije que en la
asignatura Taller d’etnografia había prohibido a mis estudiantes usar cámaras
fotográficas o de vídeo, que creo que anquilosan la percepción y la convierten
en torpe y perezosa. Ya sabe que eso no es que no crea que el cine o la
fotografía no sean mecanismos legítimos en etnografía. Se deben emplear, pero
evitando la excesiva facilidad que procuran. Y además ya sabe que me canso de
repetir a los estudiantes que la cámara no es sólo un artefacto: es un modelo
para la mirada. No tienen que mirar a través de una cámara: ellos y ellas deben
ser una cámara. No deben mirar a través del cine, sino cinematográficamente, que no es lo mismo. En cuanto al dibujo, es importante reclamar el papel que
tuvo y que todavía merece. Dibujar –y se lo dice alguien que no sabe dibujar–
obliga a una perspicacia y a una sensitividad que el fotógrafo y el cineasta
naíf pueden llegar a perder si se rinden a la comodidad que supone el empleo de
prótesis para la mirada.
Sobre el precedente del uso del dibujo en etnografía...
Todos los grandes viajeros que precedieron la observación etnográfica viajaron.
Hay precedentes todavía más remotos, como el del francés Olivier Perrin, a
finales del siglo XVIII, que pintó las etapas de la vida de un joven bretón,
Corentin. Tanto los etnógrafos y protoetnógrafos de lo exótico, como los rurales
del XIX, emplearon el dibujo para retener la cotidianeidad que observaban. Las
revistas de viajes del XIX estaban repletas de ejemplos de este tipo de
percepción. Busque ejemplares del Magasin Pittoresque o de Tour du Monde. Hay
reediciones facsímiles de libros de esa época. Encontré no hace mucho –y por
supuesto compré– la de Olañeta de Viaje
por los usos, costumbres y trages de Àfrica, “obra adornada con láminas
iluminadas”, publicado originalmente en 1845. En esa línea de libros de viajes del XIX con ejemplos de
dibujos etnográficos, la Editorial Laertes tiene una colección excelente, donde
están el libro de Isabella K. Bishop, Viaje
al Pequeño Tibet; Viaje por el Nilo,
de E.V. Gonzenbach, o Viaje a las estepas
de Astracán y del Cáucaso, de Jan Potocki.
Ahora me viene a la cabeza la escena de "Las montañas
de la luna", en que Richard F. Burton aparece dibujando la vida ordinaria
de los poblados por lo que va recalando en su viaje hacia las fuentes del Nilo.
No puedo ocultarle mi fascinación por este personaje, que conocí –como tantas
otras cosas apasionantes– de la mano de Alberto Cardín, que había traducido y
editado varias de sus obras, todas con sus correspondientes dibujos. Ahí tiene Mi peregrinación a Medina y La Meca, en
dos volúmenes (Laertes). Tiene a mano también Viaje
al país de los santos (Laertes), sobre su viaje a Utah, el país mormón.
Tengo por casa Relat personal d’un
pelegrinatge a Medina i La Meca (Quaderns Crema), que le menciono porqué en
este he visto que la mayoría de dibujos no aparecen en la edición de Laertes.
Por supuesto que la fotografía y el cine han arrinconado el
dibujo como técnica de captación de la realidad. Una pena, como le he dicho.
Hay excepciones. Griaule, Malinowski, Clastres…, todos los grandes etnógrafos
dibujaron objetos, pero más raramente personajes o situaciones. Usted es
mexicana. Interésese por el trabajo de Julio Alvar entre los purépecha del sur
de México, en que el dibujo ocupa un lugar central. Si me permite, subrayarle
un ejemplo: el de Julio Caro Baroja en Los
hijos de la nube (Júcar), sobre los saharauis. Pero para los efectos de lo que usted hace, su referencia, su
alfa y omega, es sin duda ese texto fundamental que es El pintor de la vida moderna, el texto en que Charles Baudelaire
rinde homenaje a Constantin Guys, a quien ya había dedicado su poema “Sueño de
París” en Las flores del mal. El pintor de la vida moderna está en
internet. Le será fácil dar con él. Y, cuando lo tenga, léalo con devoción,
porque ese es el modelo de lo que debe hacer.
El otro asunto es el de los skaters. Debería hacerse con la
bibliografía disponible al respecto, tanto del asunto en sí como de las
prácticas deportivas que implican un uso intensivo de ciertos espacios urbanos.
Hay bastante. Busque, por ejemplo, Adamkiewicz, E. i P. Chantelat. 1993. "Pratiques sportives informelles
et management des espaces sportives et municipaux". A Sport et
management. De l'éthique à la pratique. París: Dunod; Bassa, M.; A. Chamarro i M. Moragas. 2006. "Deporte, espacio y
construcción social del territorio: el caso del distrito de Sarrià-Sant Gervasi
de Barcelona". A Culturas depotivas y valores sociales. Madrid: Librerías Deportivas, pp. 75-78; Borden, Iain. 2001. Skateboarding, Space and the City. Architecture and
the Body. Nova York/Oxford: Berg; Calogirou, Claire i Marc Touché. 1997. “Des jeunes
et la rue: les rapports physiques et sonores des skateurs aux espaces
urbaines”. Espaces et Sociétés, 69-88, y 2000. “Autour du
skate-board: une pratique urbaine visible et sonore”. Informations sociales, (agosto): 58-65. Son sólo algunos
ejemplos. He dirigido dos tesinas sobre ese asunto ySon “Prácticas urbanas en la Plaça dels Àngels”, Diego Polo Fernando, en el 2004, y “Utilitzzo di uno spazio pubblico da parte di una rete sociale sportiva: Gli skaters e la Plaza dels Àngels”, de Francesca Maria Berni, en el 2010. Si me da un poco de tiempo se las busco, porque tienen que estar en el despacho. En cuanto a las culturas, subculturas o microculturas juveniles, la bibliografía es inmensa, mucha de ella producida en su país. Le será fácil dar con lo que hay por poco que se sumerja en cualquier índice bibliográfico. Si quiere, para empezar y como aperitivo, le mando algunas cosas que tengo sobre el tema, que, como todo lo que escribo, no me gusta demasiado, y palabra que no es coquetería. Se trata de “Estética e infamia. De la lógica de la distinción a la del estigma en los marcajes culturales de los jóvenes urbanos”, que apareció en Feixa, C.; Costa, C.; Pallarés, J., eds., Movimientos juveniles en la Península Ibérica. Graffitis, grifotas, okupas, Ariel, Barcelona, 2002, y un artículo muy viejo ya, pero que contiene algunas consideraciones que son del todo válidas. También le mando una pequeña guía metodológica para etnografías de espacios de paso o paso por espacios. Se titula "Apuntes metodològicos para sociedades sin asiento". que es el capítulo V de mi Sociedades movedizas (Anagrama).
[La imagen de la entrada es una de las ilustraciones que aparece en Relat personal d’un pelegrinatge a Medina i La Meca (Quaderns Crema) y corresponde al dibujo de un takh-rawan, un palanquín de los grandes señores]
[La imagen de la entrada es una de las ilustraciones que aparece en Relat personal d’un pelegrinatge a Medina i La Meca (Quaderns Crema) y corresponde al dibujo de un takh-rawan, un palanquín de los grandes señores]
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http://www.youtube.com/watch?v=qj60-7xGGyY
ResponEliminaCorrecció
ResponEliminaMolt bon article, com sempre
Una errada de redacció. Al segon paràgraf hauria de dir "Todos los grandes viajeros que precedieron a la observación etnográfica "dibujaron"·". Encara que el que posa és una veritat irrefutable, je je.