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| Caboclo umbanda. La fotografía es de Roger Sansi y está obtenida de su libro Fetishes & Monuments (Berghaba, 2010) |
Estamos en el paso que lleva de la base
estructural-funcionalista en la interpretación del ritual, provista, como hemos
venido viendo, por Radcliffe-Brown, a la evolución posterior que supuso la
escuela manchesteriana, que representa en especial Max Gluckman. Este se refiere a los ritos como juegos sociales, que son lo que otro autor de ese mismo contexto, Victor
Turner, presenta como dramas sociales, es decir procesos de interacción que se originaban
en situaciones problemáticas y que procedían hasta concretarse en una conducta
socialmente estandarizada, que era el argumento que se representaba en público
en forma ritual. El desarrollo de un conflicto dado hacia una crisis se
producía en términos de una pugna entre la tendencia de los intervinientes a
desinhibirse de las normas conocidas y a adoptar actitudes transgresoras, y la
tendencia, finalmente triunfante, del orden societario a imponer su idea de
armonía mediante el recurso a formas vehementes de acción social, en este caso
los rituales.
En ese contexto teórico, los símbolos
rituales son contemplados como portadores de una polarización del sentido, tal
y como Victor Turner nos ha mostrado en su
análisis de los procesos ceremoniales.En todos los símbolos pueden distinguirse dos polos de sentido claramente
distinguibles: un polo sensorial, en
el que el contenido está directamente asociado con la forma externa del
símbolo, y un polo ideológico, que se
refiere a los componentes morales y sociales o a valores inherentes a las
relaciones estructurales en el seno de la sociedad. En el polo sensorial se
concentran elementos de los cuales pueden esperarse que susciten deseos y
sentimientos.
En el ideológico se encuentra una
ordenación de normas y valores que guían la acción y la conceptualización
social. Así, según Turner, los símbolos yuxtaponen lo que es groseramente
físico con lo que es estructuralmente normativo, lo que es orgánico con lo que
es social. Biologizan lo social, al tiempo que socializan lo biológico. Y eso
es lo que hace que los ritos resulten tan útiles en orden a hacer que las
normas y los imperativos sean al mismo tiempo obligatorios y
deseables. ¿Cómo lo consigue?: poniendo en contacto de un lado normas
éticas y jurídicas y, por otro, estímulos emocionales. El símbolo ritual lleva
a cabo a término un intercambio de cualidades entre los dos polos de
sentido: las normas y valores se cargan de emoción, y las emociones básicas se
dignifican, cuando no se institucionalizan al servicio del orden social.
Ahora bien, los ritos no se limitan a
desplegar una maqueta del orden de la comunidad, exhibida ante individuos
pasivos que participan o contemplan esa imagen proyectada e ideal del mundo
social. También son instrucciones de uso para esa vida social de la que se
reproducen los principios básicos. No sólo explican cómo debería ser el mundo
social, sino que, en tanto que constituyen todo un aparato pedagógico, entrenan
a los sujetos en el tipo de actitudes y sentimientos que se espera de ellos en
cada momento y ante ciertas circunstancias que es presumible que se produzcan.
Según la tradición pragmática que inauguran George Herbert Mead y Wilhem Whitehead, los símbolos rituales funcionarían como fórmulas al
servicio de la solución reflexiva de problemas que pueden plantearse en una
situación futura.
En tanto que conglomerados congruentes
de símbolos, los ritos se conforman a la manera de un catálogo de estímulos
parecidos a los que la vida social puede propiciar en cualquier momento, de los
que se esperan respuestas automáticas socialmente pertinentes por parte de los
individuos. Son pues simulaciones, reproducciones virtuales o juegos que
instruyen a las personas en las reacciones que se considera adecuadas ante las
situaciones más o menos previsibles que les va a deparar la vida ordinaria.
Son, por retomar la tipología de Geertz, modelos para la
realidad.
Nos trasladamos así al campo de las
concepciones pragmáticas sobre los símbolos, para las que éstos han de ser
considerados en términos de actitudes,
sentimientos, impulsos. En tanto reservorios de memoria en que se conservan las
técnicas adecuadas para afrontar las contingencias cotidianas, los símbolos
rituales funcionarían de una manera no muy distinta a como lo hacen los códigos
genéticos en la vida animal. De acuerdo con tal presupuesto, los ritos
garantizarían la acumulación social de experiencias relativas a actuaciones
adecuadas, de manera que, colocado en presencia de determinado símbolo, el ser
humano experimentaría una reacción mecánica parecida a la que suscita el
reflejo condicionado de los conductistas. Por plantearlo como hacía G.H. Mead,
los símbolos permiten «escoger entre las características particulares de la
situación, con el fin de que la reacción ante éstos puedan estar presente en la
experiencia del individuo».
Tenemos entonces que esa función
educativa que cumplen los ritos no es sólo posicional –esto es relativa a cuál
es el lugar estructural de cada uno en relación con los demás–, ni sólo
conductual –cuál es el comportamiento adecuado para cada eventualidad–, sino
también emocional, es decir relativa a cuáles son los sentimientos que debe
albergar cada sujeto en relación con los distintos avatares de su existencia
social. Esa es la tesis central de un célebre artículo de Geertz sobre las peleas de
gallos en Bali, que me encargaré de preparar en pdf, en la que se resaltaba
cómo los rituales no sólo utilizan miedo, excitación, estremecimiento,
placer..., sino que sirven para recordar que esas emociones que se ejemplifican
son aquello de lo que la sociedad está hecha, y que son lo que permite mantener
unidos a sus miembros.
Los símbolos religiosos serían, en este
caso, una forma radical de lo que Edward Sapir llama símbolos
de condensación, símbolos saturados de unas cualidades afectivas que
impregnan de emoción gran cantidad de conductas y situaciones. He ahí como los
ritos acaban funcionando como recursos culturales al servicio de lo que Geertz
llama, evocando a Flaubert, la «educación sentimental» de los individuos. Eso no
quiere decir que los sentimientos escenificados en los ritos sean realmente
vividos por los participantes o por los espectadores: los ritos escenifican
sentimientos no para que quienes se comprometen en su realización los
experimenten, sino para que sepan que esos sentimientos son la materia prima de
que se nutre la sociedad para subsistir como tal.
Os mando ahora y en otro mensaje dos
textos a los que he hecho referencia y que quiero que leáis. El de Victor
Turner, en su trabajo sobre lo ndembu, y el de Clifford Geertz sobre las peleas
de gallos en Bali.

Bueno , sí , vale...Pero ¿Y la peli de hoy en "la ventana"?
ResponEliminaesteban
Manuel, ¿qué me dices de lo de Krahe?
ResponEliminahttp://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/05/26/actualidad/1338051427_175989.html
Pues, ¿qué voy a decir? Que lo veo mal.
ResponEliminaPues Manolo , no se si interpreto equivocadamente tu texto, pero yo hallo muchas reverberaciones , dislocadas eso sí, y con vocación Arty ,de tu texto en la puesta en escena que el Krahe y el Seseña pergeñaron en el 77, motivo por el que se le juzga , ( Cada vez más jueces admiten a trámite denuncias de asociaciones minoritarias de la ultraderecha más rancia-¿?!- ), habida cuenta, además, de que estaba concebido para proyectarse en la pared blanca de un comedor o un bareto de ácratas bien, ante la mirada de un montón de feligreses de la clandestinidad : amiguetes progres, ratones de filmoteca y amantes comunistas del Buñuel mas beatnik en general, dentro de una serie de cortos: “Diez comentarios” , que iban desde el surrealismo escatológico más pueril hasta el más “Max Ernstiano”, y desde el plagio cachondo a L´age D´or de Buñuel al documental botánico más tontorrón y gamberro, es cuando la situación da una nueva vuelta de tuerca simbólica sobre el tema: http://www.youtube.com/watch?v=OdfdN-7kME4 . Una pena que youtube haya eliminado el resto , (porque contenía desnudos), es en ése segmento donde se inscribía el chascarrillo de la “cristofagia”, una suerte de condimentación de la eucaristía , una versión inaceptable de ella , pero en absoluto con intención vulgarizante . En cualquier caso , La iglesia no ha ido a por Krahe en absoluto, lo han hecho sus voceros ultraderechistas, no se que hubieran hecho de conocer esta canción, muy buñuelesca también: http://www.youtube.com/watch?v=jVCIquspzkg , en la que se nombra a San Cugat.
ResponEliminaUna vez me dijiste que la historia de las religiones es la historia de sus herejías. De las blasfemias, cabría añadir ahora. ¿Tienes por ahí bibliografía sobre ellas?
Anónimo, yo no es que lo vea mal, a mí me parece una hijoputada canalla al más puro estilo McArthy . Ya van hasta a por la libertad creativa. Esto, aparte de tocarme mucho los cojones, me toca bastante de cerca porque Javier es un viejo amigo mío, una de las personas más decentes, leales, lúcidas y honestas que conozco, y, pese a que no se ha juzgado a nadie jamás por este artículo 525 que promulgó el anterior gobierno del PPOE , y es más que probable que el juicio sea sobreseído por absurdo y kafkiano, nunca se sabe el juez que te puede tocar. Los secuestrados de Izquierda Unida en prisión en Barcelona a raíz de la Huelga general , o los aún supervivientes del 4F, salvando muchiiiiiísimo las distancias lo saben bien. Javier es el primero que lamenta que su caso, tan menor , tan light en comparación, sea, encima, tan mediáticamente visible, porque es un “famoso” , a su pesar. La pena que le puede caer es de 144.000 euros .Lo único que tiene Javier es una hipoteca, independientemente de la pensión de jubilación de su mujer. Ni por dignidad ni por posibles podría hacer frente a esa eventual sentencia ni de coña .Le dediqué ayer una entrada en mi blog, por si alguien se anima: http://estebannavarrogalan.blogspot.com.es/2012/05/vinetas_28.html#comment-form
Esteban