dilluns, 2 d’abril de 2012

Antropología religiosa - Clase del 20/3/12 - Las representaciones colectivas como campo gravitatorio en cuyo seno actúa la magia


En esta segunda clase sobre la teoría de la magia de Hubert y Mauss abordamos la cuestión de cómo en todos los casos –incluido aquél en el que el mago podría aparecer ante nuestra mentalidad como un estafador y un mentiroso, que, por otra parte, son frecuentísimos-, el hacedor de magia es colocado por la colectividad en el centro de una red de representaciones coherentes, que han hecho de él su objeto. Y eso es así porque  es la opinión la que crea al mago. Es el público –y no el individuo- que desea que las cosas sean de una determinada forma.

¿Cómo es posible que, si es la ideación social la que se halla detrás de la acción del mago y necesidades colectivas las que deban ser satisfechas, su existencia con respecto a la sociedad tantas veces sea furtiva, marginal, cuando no de verdadero objeto de hostigamiento y eliminación? La respuesta se construye a partir del siguiente razonamiento fundamental: el individuo que ejerce la magia recibe de la comunidad a la que pertenece –aunque sea situándose en sus márgenes- principios y medios de acción asumidos por esa comunidad como eficaces y pertinentes, en tanto que significativos. Mediante su idiosincrasia lógica, el mago produce síntesis y combinaciones más o menos extrañas y originales con todo ese conjunto de elementos repertoriales a los que la sociedad concede una determinada elocuencia simbólica. Puede –cuenta con un margen de libertad para ello- operar articulaciones formales que será luego capaz de justificar o de corregir, atribuyendo a defectos en la ejecución o a disturbios ambientales los posibles fracasos. De hecho, la creencia social en la magia es tan fuerte que bastará asignar los fallos a la irrupción de algún tipo de contramagia operada por algún hechicero rival, con lo que los fracasos acaban abundando en la verdad de la magia en lugar de desmentirla. En estos casos, la comunidad intuye que el poder del mago no ha surgido efecto como consecuencia de la aparición en escena de algún mago o fuerza poderosísima, con lo que el hacedor de magia que ha visto frustrado su propósito se vuelve todavía más necesario para proteger al grupo contra esa potencia disolvente que ha hecho acto de presencia.

También el mago aparenta estar convencido de la verdad de una magia cuyos efectos reales le resultan a él más ostensibles que a nadie en sus insuficiencias empíricas. De ahí la asiduidad con que recurre a la superchería y a la simulación, un embaucamiento que –como ocurre en los estados de neurosis, y de ahí la simpatía de Freud por ese énfasis maussiano en la acción mágica- es a un mismo tiempo voluntario e involuntario. De hecho, no tiene otra opción: el mago simula porque le exigen que simule, lleva a cabo su comedia porque toda la comunidad espera que lo haga. La credulidad del mago no es más que el reflejo y la consecuencia de la credulidad pública en una magia que en realidad existe sobre todo en tanto que estado de ánimo colectivo. A veces puede pensarse que el hechicero embauca a su público, que lo manipula, pero en realidad sucede exactamente todo lo contrario: es él quien es manipulado al poner sus cualidades carismáticas a la disposición de sus espectadores. Como el mago de feria, el chamán es compelido a ejecutar sus maniobras maravillosas y a mostrar lo extrahumano de sus portentos con un único requisito, cuyo defecto puede resultar fatal: que no se vea el truco.

Por aparatosos que puedan antojarse los estados emocionales y físicos que acompañan la puesta en escena del acto mágico, el fin que se busca no es otro que el de la espectacularización de unas perspectivas que en ningún modo pueden quedar decepcionadas. La esperanza de un grupo humano en ver resueltas sus contradicciones, confirmados sus temores o vencidas sus contrariedades resulta demasiado grande como para permitir a su catalizador –el hechicero- que fracase. El hacedor de magia no puede fracasar, sino es a costa de poner en precario todo el sistema de mundo del que él mismo es exponente y estratégico operador. El hecho de que con tanta frecuencia manipule elementos de los que la religión institucionalizada –si la hay- reniegue o que haya hecho de él un elemento a perseguir no contradice sino que eso convierte a la magia en auténtica expiadora de lo religioso.

Como decían Hubert y Mauss, es cierto que Moisés fue un excelente mago, capaz con su poder –fuera cual fuese su origen- de hacer que las aguas del Mar Rojo obedeciesen su mandato. Pero Moisés no estaba solo, detrás de él estaba el pueblo de Israel esperando el acto prodigioso, es más, dependiendo de él. Detrás del frecuente retiro del mago a la soledad y al aislamiento está toda una comunidad que le ha emplazado a que certifique con su aislamiento el misterio de sus prácticas, precisamente uno de los factores en que se b asa su capacidad de obrar maravillas y un elemento fundamental de espectacularización. Más aún, la presencia de la sociedad no sólo desaparece cuando el mago se incomunica sino que es entonces cuando resulta más notorio y agobiante, ya que es la sociedad la que decidido en realidad aislarle y permitirle salir sólo para actuar, cultivando una especie de impaciencia que traduce a la veza que acrecienta los deseos de dejarse fascinar por sus portentos, por mucho que estos no sean más que meros simulacros. Lo mismo puede decirse de las oportunidades en que la aparente separación del mago con respecto del grupo se produce bajo la forma de incorporación a cofradías o asociaciones –muchas veces secretas- de hacedores de magia. También en estos casos la marginación de la sociedad de magos es fruto de una ordenación que es el grupo social quien ha ejecutado en realidad. Todos estos supuestos son variantes de la manera como se concretiza en individuos particulares ese fondo de magia difusa, ese sustrato de magia flotante, del que el mago extrae su saber sin darse cuenta de que es toda la sociedad que lo está generando y renovando constantemente. Hubert y Mauss hablaban de “un inmenso cónclave mágico” para referirse a esa atmósfera social que el mago respira y que puede inducirle a pensar que el poder que todo el mundo le ha disuadido de que posee proviene del exterior, de alguna instancia eventualmente personificada, de espíritus, de dioses o de demonios, cuando es toda la colectividad quien la genera de forma inopinada.

La hiperestesia, la danza extática, la gesticulación desquiciada, el trance místico continúan confirmando, no desmintiendo, la calidad colectiva de la experiencia chamánica que tanto empeño existe todavía en considerar en clave psicológica. En el rito mágico es precisamente –más allá incluso del rito religioso- donde la comunidad para generar realidades en cuyo seno el individuo siente la necesidad insalvable de disolverse en el todo colectivo. Se objetará que cuesta ver ese activismo de la colectividad en casos en que el acto mágico adopta una dimensión secreta o privada. En el caso de la magia maléfica, el ejemplo podría estar en la maldición vudú o el aojamiento. Pero tampoco tales modalidades de hechicería servirían para desacreditar la cualidad coral de lo mágico. Un individuo que, en una cultura en la que la creencia en los efectos de la magia negra personal se dé, llega a la conclusión de que ha sido objeto de algún tipo de maleficio, está íntimamente persuadido de que está condenado. Esta actitud pronto será compartida por su entorno de familiares y amigos y enseguida por toda la comunidad, que lo apartará al considerarlo una fuente de peligro. Todo en su derredor aparece comprometido en la confirmación de lo que el sujeto siente y piensa como un fin ineluctable y próximo, y de hecho el grupo no hace otra cosa que adelantar ese desenlace físico en el plano social. Seriamente agraviada su personalidad en el seno de la vida comunitaria, no tardarán en aparecer síntomas que en su mismo organismo constaten lo que su propio espíritu y todo el mundo “sabe” y desea ver confirmado: que el afectado por la maldición se está muriendo. El miedo y la postración social se encarnarán en la intensificación y en la creciente desorganización de  todo el sistema nervioso, lo que es muy probable que comporte una disminución del volumen sanguíneo y una caída de la tensión. La anorexia y la deshidratación agudizarán la gravedad del cuadro, hasta que la muerte se produzca, sin que una autopsia posterior fuera capaz de descubrir lesión alguna.

Si el individuo es víctima de su propia convicción –sobre la que gravita la de toda la sociedad- de que el brujo que le persigue es eficaz en su magia, lo mismo puede aducirse por lo que hace a la capacidad del chamán o del curandero de sanar a sus pacientes. Como señala Lévi-Strauss en “El hechicero y su magia”, el sanador mágico constela una “extraña mezcla de pantomima, prestidigitación y conocimientos empíricos, donde se hallan mezclados el arte de fingir desmayo, la simulación de crisis nerviosas, el aprendizaje de cantos mágicos, nociones bastante precisas de auscultación y obstetricia, el empleo de soñadores, es decir de espías encargados de escuchar las conversaciones privadas y de hacer llegar secretamente al chamán elementos de información sobre el origen y los síntomas de los males sufridos por tal o cual…”, a lo que se añaden métodos de engaño tradicionales como el de mostrar un guijarro o plumón ensangrentado –gracias a una herida autoprovocada por el chamán al morderse la lengua o hacer sangrar las encías-, que es públicamente mostrado para constatar la “captura y expulsión” del mal que afectaba al enfermo. Para que el encantamiento curativo surja efecto es imprescindible que coincidan tres elementos fundamentales: 1) que el chamán crea que es capaz de curar, aunque sea mediante el engaño; 2) que el enfermo esté convencido también de que puede ser curado por el chamán, y, por último, 3) que el consenso social yo no sólo crea sino que exija que la curación se produzca efectivamente. Volveremos a esta lectura que Lévi-Strauss hace de la teoría de la magia de Hubert y Mauss.

[La fotografía de la entrada corresponde a una cura chamánica en el Zócalo de México DF y procede de spanishpodcast.org/]



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