dijous, 31 de juliol de 2014

Un apunte sobre "Los dominados y el arte de la resistencia", de James C. Scott (Era), para estudiantes de doctorado de la UB


Os escribo a las/los cuatro porque trabajáis en asuntos distintos: muchachos reclusos en un centro de reeducación, mujeres que participan en un grupo de meditación trascendental, madres que quieren dar a luz sin pareja, jóvenes inscritos en una escuela de toreo en una población de la periferia de Barcelona… Todos esos asuntos parecen no tener nada en común, pero en cambio su conexión es clara. En todos los casos se trata de personas que ocupan lugares subordinados o marginales en sus respectivos nichos sociales: jóvenes “delincuentes”, señoras de clase alta, jóvenes “charnis” sin futuro… En todos los casos y en la manera como despliegan su actividad podríamos encontrar diferentes maneras de hacer frente y gestionar una situación de dominación a la que, de una manera u otra, responden con maneras de hacer y de encontrarse con otros y otras que conforman modalidades de algo de lo que hablamos abundantemente en la clase de Teorías del Trance, una clase en la que repetí que no era casual que la asignatura se incluyese dentro del módulo de Exclusión Social. La clave: que no en vano los poseídos no en vano eran frecuentemente los desposeídos.

Ese fue uno de los argumentos más recurrentes a la hora de estructurar la clase: la idea central de que las técnicas de posesión y el tipo de sociabilidad que generaban en el seno de una minoría de iniciados y de estos con el resto de la sociedad constituía una modalidad de lo que presentaba como “astucia de los pobres”, es decir, un recurso que permitía a sectores dominados desarrollar una vida social propia, de espaldas o incluso contra los dominadores. En orden a entender aquellas estrategias de resistencia, hay un libro que me parece importantísimo, que apareció mencionado en clase, pero en el que creo que no insistí lo suficiente. Me refiero a Los dominados y el arte de la resistencia. Discursos ocultos, de James C. Scott (Era).

Y si ese libro es fundamental no es sólo por lo que sostiene fundamentadamente, sino porque conecta directamente con la perspectiva en la que trabajamos en la otra clase, la de Métodos, justo porque remite en todo momento a una perspectiva que fue la de la asignatura misma, que la situada y microprocesual, es decir aquella que tendría su referente teórico principal en la microsociología de Erving Goffman. En efecto, si os miráis veréis que la alusión que el autor hace a conceptos tomados de la dramaturgia goffmaniana, tales como “juegos de prestidigitación”, “escena”, “bambalina”, “dramaturgia de la dominación”, etc. Scott habla de “mesosociología” o “infrapolítica”, en lugar de “microsociología”, pero el parentesco es indiscutible y el autor no lo ignora, por supuesto.

Es importante que veais que en vuestros casos lo que hay es esa misma voluntad de hacer frente a la sumisión mediante lo que Dolores Juliano llamaría “juego de las astucias”, es decir mecanismos discursivos hechos de dobles sentidos, bromas, ironías, chistes, así como todo tipo de pequeñas fugas, deserciones, desacatos…, que emplean la parodia, el disfraz…, siempre en defensa de un sentido de la dignidad y de la propia identidad que les permite resistir, en el sentido más literal del término, una situación de asimetría absoluta. Es lo que Scott llama “antihegemonía”, una cultura que más que desobedecer o contravenir, lo que hace es distorsionar y aplicar códigos otros, al tiempo que se generan o se aprovechan todo tipo de grietas y refugios: la noche, la taberna, la fiesta… Pienso en cada uno de vuestros asuntos, cuyo escenario sería un ejemplo de ello, como lo sería el expendedor de bebidas y comidas de la fábrica de cables en Mollet sobre la que Evaristo López está a punto de presentar su tesis.

Creo que en vuestros casos deberías atender como central lo que Scott os apunta, porque os viene que ni pintado. Estáis trabajando ejemplo de ello, maneras como la contraideología de la dominados puede encontrar bien extrañas y estructuras insólitas en torno a las cuales enrollarse o incluso esquaterizar: ni la tauromaquia, ni la New Age, ni los comentarios machistas políticamente incorrectos son esencialmente tácticas resistentes. Se antojaría antes que su mala reputación les convierte en detestables. En cambio, en ciertos contextos –el desmantelamiento del futuro de los jóvenes de clase obrera en Catalunya, una clase alta que oprime a sus propias “señoras”, la carrera moral que siguen los rehenes de los sistemas de “justicia juvenil”…– esas conductas y esos dialectos podían ejecutar una paradójica función de respuesta ante un cuadro de sumisión impuesta, en forma de algo así como una reconstrucción discursiva  –refunfuños, rumores, ambigüedades, chismes, bromas, equívocos…– y un repertorio de acciones discretas que constituyen una auténtica “infrapolítica”, desde la que expresar disidencias, pero también fantasías y anhelos de emancipación–, defenderse de la lluvia de agravios que sufren e incluso lanzar pequeñas contraofensivas en condiciones de desigualdad total.

En fin, que me gustaría que colocarais el libro de Scott en un lugar preferente de vuestro marco teórico, porque vosotros/as lo necesitais y la obra lo merece.
Un beso a los/as tres.

[La fotografia de la entrada es de Gustavo Minas]


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