dimarts, 14 de febrer de 2012

Apostillas de David Lagunas a los comentarios de Giuseppe Aricó sobre la relación entre el barrio del Besòs y La Mina, en referencia a los disturbios de octubre de 1990, la llamada “intifada del Besòs”


David Lagunas, amigo, antiguo alumno, hoy profesor en la Universidad de Sevilla, me manda este mensaje dialogando con una entrada mía anterior en la que recogía el testimonio y la opinión del doctorando Giuseppe Aricó acerca de un conflicto reciente que tuvo como escenario el barrio del Besòs, pero que fue “adjudicado” por los medios al de La Mina. Creo que merece la pena darlo a conocer, porque corresponde a alguien que ha hecho un trabajo importante en ese último barrio y tiene un punto de vista importante a ofrecer al respecto. El mensaje y el texto al que remite hacen referencia a un asunto que el correo de Aricó y mi comentario ya subrayaban como fundamental: la llamada “intifada del Besòs”, los disturbios que conoció el barrio del Besòs de Barcelona en octubre de 1990, sin duda el conflicto barrial más violento que se ha conocido en el país en décadas. Me permití recordarlo y compartir fotografías y un video en entradas anteriores: manueldelgadoruiz.blogspot.com/2010/02/besos-al-besos-documental-sobre-la.html, y manueldelgadoruiz.blogspot.com/2009/02/imatges-i-comentaris-sobre-la-intifada.html.

----

Manel, muy pertinentes los comentarios de Giuseppe Aricó en tu blog sobre el episodio reciente del barrio del Besòs. He rebuscado en mis archivos y te envío este fragmento de mi etnografía sobre los gitanos de la Mina (Segregar, producir, contestar, Entimema, 2010). Igual consideras que puede complementar las opiniones. Ah! Gracias por colgar el video de Alberto Cardín. Cuando estudiaba antropología en la UB fui uno de los pocos en irme a la Facultad de Bellas Artes a tomar clases con él, gracias a tu sugerencia. Nunca he tenido un maestro como él en un momento en el que todavía no estábamos bien entrenados para absorber el enorme caudal de conocimiento de Alberto. Lo sigo recordando con admiración. Y el vídeo me ha hecho muy feliz. Gracias de nuevo.  Ciao!
----

… Una de las últimas movilizaciones vecinales de El Besòs, dramática y de gran alcance mediático, fue la rebelión vecinal contra la construcción de 196 viviendas sociales en un terreno aledaño, fronterizo con La Mina, denominado popularmente el solar de la Palmera. L’Ajuntament pretendía realojar a algunos residentes del barrio de La Mina. Los vecinos recuerdan la movilización del 25 de octubre de 1990, que metafóricamente se denominó “la intifada de El Besòs” por el sentimiento de “opresión” frente a un poder arbitrario y corrupto, como un triunfo en toda regla. De hecho, la movilización generó que en las siguientes elecciones municipales de mayo de 1991 un grupo de vecinos de la asociación Barri Besòs se convirtieran en concejales de l’Ajuntament de Sant Adrià, tras el apoyo del barrio a estos candidatos. Uno de ellos Juan de Dios Plata había sido herido por la policía en los enfrentamientos. En los primeros años de participación en el consistorio esta agrupación política llevó a cabo formas de democracia participativa como reunir a sus electores en el solar de la Palmera para definir su posición en el consistorio. Éste también era el reflejo de una apropiación simbólica del territorio, el solar, antes un espacio de lindes, fronterizo, un descampado, que funcionaba como frontera simbólica con La Mina.

En este sentido, la apropiación simbólica de ese espacio a partir de señales y discursos (la palmera como símbolo) también daba lugar a una apropiación real, es decir, aseguraba una posesión de determinados recursos. Se trataba de marcar un territorio (nivel simbólico) donde se disponía o se quería disponer de un espacio de intercambio cultural y recreativo (nivel real). En este sentido, el conflicto entre los habitantes de El Besòs y las autoridades municipales era la expresión de las malas relaciones políticas (nivel simbólico) y de la lucha por el suelo urbano (nivel real).

El espacio inerte de la Palmera señalaba un límite que no podía ser violado y que se actualizaba en los conflictos. Se reivindicaba por parte de los vecinos de El Besòs una utilización exclusiva del mismo. Esos espacios-límite podían activarse y desactivarse dependiendo del contexto. La movilización vecinal reflejaba la necesidad de delimitar áreas de influencia en un espacio, lo cual se había convertido en los últimos años en una causa permanente de conflicto. El detonante fue el plan de construcción de nuevas viviendas de l’Ajuntament, el cual generó e hizo visibles conflictos larvados. La reivindicación vecinal del espacio de la Palmera se conceptuaba como un intento legítimo de “guerra”, puesto que entre los vecinos de El Besòs aparecía una lógica y un amplio consenso de que era legítimo “defender” el espacio.

Sin embargo, los límites construidos en este episodio de conflicto obedecían más a distintos proyectos que a diferencias reales. Ésta es la idea de Barth (1976) respecto a que el proceso de rotulación de las diferencias a veces es el inverso: como hay que hacer un proyecto (el espacio cultural y recreativo en La Palmera) se reconocen diferencias. Es decir, los otros, los de La Mina no se reconocen como otros porque son diferentes sino porque tienen otro proyecto propio (habitar un nuevo espacio). Entre los vecinos de El Besòs y los de La Mina, existían muchos elementos comunes, más que diferenciales. Los elementos que fueron subrayados por parte de los primeros eran unos (“los otros son incívicos”) y no otros (“son de clase trabajadora como nosotros”). Dependiendo de qué tipo de proyecto se generara se enfatizaba una diferencia desde dentro (“el derecho a nuestro espacio”) y fuera (“el gueto de La Mina”). Por tanto, entre ambos barrios era mucho más homogéneo el sector que tenía cosas en común que la “imaginada” distancia entre vecinos por clase o cultura. En definitiva, el subrayado obedecía a proyectos distintos, no a supuestas diferencias culturales o raciales. El problema es que las posiciones estaban racializadas y muy polarizadas de inicio. Desde el CCG (Centro Cultural Gitano de La Mina) el conflicto se rotuló como “étnico”, acusando a los líderes vecinales de El Besòs de “racistas”, mientras estos argumentaban que se trataba de un antiguo conflicto político con l’Ajuntament y que no eran racistas.

La intensidad de la protesta no podía explicarse sin tener en cuenta la hostilidad hacia los habitantes de La Mina, y en especial sobre los gitanos. Ésta se vivía en un plano emocional más que cognitivo, y se alimentaba de las experiencias acumuladas basadas en estereotipos históricos acerca de los gitanos. A pesar de que pudiera existir un decalage entre la cognición y la experiencia cotidiana de interacción entre los habitantes de ambos barrios pues se coincidía en el supermercado, en el metro o en los comercios, la virulencia de la oposición, legítima por muchos motivos, frente a los planes de l’Ajuntament era un elemento sintomático de cómo las mentalidades anti-gitanas, resultado de procesos históricos, se inscribían en la realidad en forma explosiva. Estos hechos pueden leerse en perspectiva comparada: parece ser una constante que cuando se propagan las voces de la llegada de los romaníes a un nuevo espacio, antes inutilizado o utilizado como depósito de desechos, los barrios de gadje reaccionan reclamando el uso del espacio, siendo así que la lucha anti-romaníes asume en la ciudad la forma de una competencia “normal” por el espacio (Piasere, 1991: 207). El problema de fondo era la ansiedad que generaba La Mina en el imaginario colectivo como símbolo de delincuencia, drogadicción e incivismo. Por otro lado, para la clase social obrera de El Besòs empobrecida y afectada por el desempleo, la cohabitación cercana con residentes de La Mina podía convertirse en el signo que confirmaba su declive.

Una actuación simbólica sobre el espacio de El Besòs había sido realizada un año antes con la participación del CCG. En 1988 se rebautizó una de las plazas más importantes de El Besòs con el nombre de Josep Tarradellas. Dos miembros del CCG entregaron a la viuda del expresident de la Generalitat, Maria Antònia Macià, una placa conmemorativa en cerámica que habían elaborado en los talleres del CCG. Fue este un acto simbólico que también podía leerse con otro transfondo ¿o acaso los gitanos andaluces estaban probando que eran catalanes?”. Sin embargo, después del conflicto de 1990, la plaza cambió su nombre por el de “25 de octubre”, recordando los hechos acontecidos en el barrio durante la protesta…”

David Lagunas

[La fotografía de la entrada la tomó un estudiante de Antropología Política, Miguel González, para un trabajo de curso sobre los enfrentamientos en el Besòs que realizó con un grupo de trabajo en el que también estaba Anna Puigboltas, en el curso 1990-1991]


Canals de vídeo

http://www.youtube.com/channel/UCwKJH7B5MeKWWG_6x_mBn_g?feature=watch