dilluns, 27 de febrer de 2012

Antropología religiosa - Clase del 21/2/12 - Las teorías evolucionistas sobre la religión primitiva. El animismo


En estas dos últimas clases hicimos una pequeña incursión en las perspectivas que la antropología evolucionista hizo en relación al tema de la religión. Al respecto, os expliqué que para algunos evolucionistas, como Lewis H. Morgan, poco o nada cabía decir en serio a propósito de la religión. En clase os leí un fragmento de La sociedad primitiva, de 1877 (Ayuso). Fue esto: “El desarrollo de las ideas religiosas está rodeado de tales dificultades intrínsecas que puede que jamás sea objeto de una exposición perfectamente satisfactoria. La religión se dirige en tan gran parte a la naturaleza emotiva e imaginativa, y en consecuencia moviliza elementos de conocimiento tan incierto, que todas las religiones primitivas resultan grotescas y hasta cierto punto ininteligibles. El tema queda pues fuera del plan de mi obra, salvo por algunas sugerencias incidentales que puedan salir al paso”.

Ciertamente, en las primeras fases de la reflexión antropológica sobre las sociedades exóticas, estuvo generalizada la acepción de que las etapas presuntamente primigenias de la humanidad, de las que serían hoy testimonio los pueblos “salvajes” más elementales, estuvieron caracterizadas por la ausencia de algo parecido a la religión y vivían en un estado de ateìsmo y materialismo absoluto. Esta idea, que tuvo un esponente importante en la obra de Lubbock (El origen de la civilización, 1870, Alta Fulla), implicaba que los niveles más simples de humanidad eran incapaces de concebir siquiera toscas supersticiones, tal era su grado de insensibilidad religiosa. Esquema de Lubbock : Ateísmo; fetichismo; estado en el que el hombre cree que puede forzar a la divinidad a que satisfaga sus deseos; culto a la naturaleza o totemismo, en que se veneran objetos naturales, àrboles, lagos, etc.; chamanismo, en el que existen divinidades superiores, sólo accesibles para los chamanes; iIdolatría o antropomorfismo, en que los dioses adoptan apariencia humana, pero son parte de la naturaleza y no sus creadores; se les puede persuadir. Se les representa con imágenes. Otro estado innominado en que la divinidad se presenta como creadora del mundo y no parte de él. Una entidad de veras sobrenatural. Un último estadio, en que la religión y la moral aparecen asociadas.

Quienes formalizan teorías acerca de la religión “primitiva” son Edward B. Tylor y James G. Frazer. E.B. Tylot (1832-1917) procura una visión acerca del origen y la evolución de la religión que, por primera vez, se formulaba de manera sistemática y rigurosa y en las que la tesis que el propio Tylor designó como del animismo ocupaba un lugar explicativo fundamental. El animismo, según Tylor, consistiría en una especie de materia prima hallable en la base de cualquier idea o sentimiento religioso presente ya en los primeros momentos y en los estadios más bajos del desarrollo humano y a partir del cual fue posible la paulatina adquisición de formas crecientemente superiores de religiosidad.

El animismo consistía en el conjunto de creencias que el hombre primitivo tenía acerca de los seres o potencias espirituales que cohabitan con él el mundo experimentado. El individuo que protagoniza este momento situado en el inicio de la escala evolutiva sueña, tiene alucinaciones, sufre o busca estados alterados de consciencia... En todos ellos toma contacto con espectros que representan no sólo a las potencias y aspectos de la naturaleza circundante, sino también y de una forma especialmente significativa, a sí mismo y a los muertos. Esta constatación hacía inevitable una primera y rudimentaria consciencia del alma humana. Es esta creencia espiritualista el elemento básico común que comparten las modalidades más simples de la condición humana y aquellas situadas ya en el campo de la civilización, así como todos los eslabones intermedios que las unen evolutivamente. Pero si para el hombre que habita las sociedades superiores es solamente el amplio armazón sobre el que se sostiene todo un deso entramado de obligaciones morales, que es lo que constituye su religión, para el primitivo el animismo, vaciado de sentido ético, es toda su filosofía y el medio a través del cual el cosmos puede ser pensado coherentemente.

La teoría evolutiva de Tylor que situaba el animismo en el punto de partida, no era del todo original y ya había sido anticipada por una tradición que comenzaba en Brosses (1760), seguía en Compte (1830-1842) y culminaba en la teoría de los espectros de los muertos o manismo  de Spencer, publicada en 1882 aunque formulada antes de que lo hiciera Tylor. En todos los casos se presumía que la creencia en las almas había ido abriendo paso a la consideración privilegiada en cuanto a poder de algunas de ellas, de las que surgieron primero las divinidades del politeísmo y, por último, los dioses monoteístas. No había un esquema, sino una evolución desde el animismo inferior, amoral, asociado a la creencia en la persistencia del alma, a un animismo superior, que adopta una «doctrina de la retribución», según la cual hay para el alma premios y castigos.

En última instancia, el punto de vista tyloriano venía a subrayar que las modernas religiones “superiores”, incluido el propio cristianismo, no eran sino “supervivencias” más o menos moralmente elaboradas de una concepción de lo natural y de lo sobrenatural que hundía sus raìces en la “primitividad” y en los estados más groseros e indeseables por superados de la evolución humana. Con ello establecía que, frente al materialismo de la moderna ciencia y la nueva moral positiva y como un grave lastre para su desarrollo, todas las variedades de animismo, incluso, y acaso sobre todo, las que habían sobrevivido, constituían vestigios de los que la humanidad debía liberarse. En orden a contribuir a tal objetivo, la antropología debía denunciar todas esas presencias que contrariaban las leyes del progreso y cumplir con su misión de ser, como el mismo Tylor había insistido, en proponer la “ciencia de los reformadores”. La teoría animista gozó de un alto grado de difusión y condujo a la confusión generalizada entre animismo y religión primitiva. Entre sus muchos cultivadores pueden citarse a Dorman(1881) y a Jevons (1891).


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