dilluns, 27 de febrer de 2012

Aniversario del Caracazo - Caracas, 27 de febrero de 1989



Durante la segunda mitad del siglo XX, en la Venezuela bipartidista, los gobiernos que se turnaban en el poder cada cinco años (AD y Copei), disfrutaron de elevadas rentas petroleras que fueron utilizadas en la aplicación de políticas de corte neoliberal. En los años ochenta, se asoma una crisis económica que afectó directamente los precios del crudo, ubicándolos a niveles mínimos. En 1983 ocurrió el llamado “viernes negro”, que no fue otra cosa que devaluar la moneda e implementar un control de cambio de divisas administrado por RECADI, organismo que generó uno de los casos de corrupción más grave de la cuarta república. Ese año, el dólar que se cotizaba a 4.30 bolívares, alcanzó el valor de 7.50 bolívares.  El endeudamiento público, la corrupción y la falta de liquidez ocasionaron que las organizaciones conocidas como “calificadoras de riesgo” comenzaran a ubicar a Venezuela como una nación de alto riesgo, por lo que los préstamos obtenidos eran a un tipo de interés demasiado alto, casi imposible de cumplir.

2 de febrero de 1989. Carlos Andrés Pérez, principal heredero de la política populista que fundó el Pacto de Punto Fijo (acuerdo de poder que sostuvo a la cuarta república), asume su segundo mandato en una majestuosa ceremonia que marcó la ruta del despilfarro. Este evento conocido coloquialmente como “la coronación” se llevó a cabo en el teatro Teresa Carreño y no en el Congreso de la República (hoy Asamblea Nacional) y asistieron mandatarios de distintos países, reyes y demás representantes de los órganos del poder mundial. No obstante, el vínculo de la confianza se había roto entre la cúpula política y el sentir popular.

27 de febrero de 1989. Estalla la rebelión popular. El detonante fue el anuncio de un paquete de medidas de corte neoliberal ideadas por el entonces ministro de Cordiplan, Miguel Rodríguez, para acceder a las exigencias del Fondo Monetario Internacional con el objetivo de desembolsar, en el plazo de tres años, la suma de 4 mil millones de dólares al gobierno de Pérez. De un plumazo, el pueblo comprendió que aquel dicho que rezaba “con los adecos se vive mejor” era un chantaje que ideó Rómulo Betancourt, padre del pacto de la corrupción, para ganar votos y comprar voluntades.
Los desmanes que la clase política venezolana había cometido contra la clase trabajadora tocaron fondo con el anuncio del aumento de la gasolina, de los servicios públicos (incluyendo transporte, luz, agua y teléfono), el recorte presupuestario para el área social (incluyendo salud, educación y jubilados), así como el inicio de un proceso de privatización de un alto porcentaje de las empresas públicas (incluyendo las empresas básicas).

Todas estas medidas entrarían en vigor el 27 de febrero de 1989, pero la voluntad popular por primera vez no acató de manera pasiva un plan financiero global que nos haría mucho más pobres. La mecha se encendió en Guarenas, una ciudad dormitorio donde habita un gran porcentaje de trabajadores de Caracas; rápidamente se extendió a la capital y a otras regiones del país. Las autoridades se vieron desbordadas y ante la ineficacia de los órganos regulares y con la complicidad del FMI se dio la orden al ejército de contener la insurrección. Se aplicó entonces el Plan Ávila, que no fue otra cosa que dar la orden de disparar a matar contra toda aquella persona que estuviera manifestando.

La represión fue brutal y el número de víctimas civiles triplicó al del ejército (compuesto por gente del pueblo). Se ordenó que las víctimas fuesen depositadas en fosas comunes en el Cementerio General del Sur, sin identificación previa. Una historia que marca el fin de una macabra clase política que olvidó su raíz popular. Venezuela irrumpe como el primer pueblo que se rebela contra el nuevo orden neoliberal de los organismos financieros internacionales.

Por: Nathalie Riera.
Barcelona, 27 de febrero de 2012.

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