divendres, 27 de gener de 2012

"Todo cambia", respuesta a una encuesta de la revista Filosofía Hoy (noviembre 2011)


Hace unas semanas, la revista Filosofía Hoy –una joven revista que aspira a hacer accesibles al gran público los grandes debates del pensamiento– me pidió que respondiera a una pregunta que se había planteado también a otras personas: “¿Podemos cambiar la sociedad?”. Enseguida sospeché que lo que se quería preguntar era en realidad si era posible “mejorar” la sociedad, pero preferí considerar la cuestión en su literalidad. Esta que sigue es la respuesta que envíe y que no fue publicada, reconociendo los editores, eso sí, que la cuestión no estaba adecuadamente formulada.
   

TODO CAMBIA

Manuel Delgado

La sociedad no es un constructo abstracto, una entidad metafísica que nos determine a la manera de una maldición o una condena. La sociedad es la concatenación de pequeños y grandes acontecimientos, sometidos a constricciones institucionales pero en la que se prodigan espacios intersticiales destinados a prever e incluso facilitar todo tipo de transformaciones. En la realidad social todo está previsto, pero en cualquier momento puede pasar cualquier cosa.

Es cierto que las ciencias sociales, desde su fundación como una aplicación de las perspectivas positivistas, han concebido la sociedad como un sistema estructurado de órganos de los que las funciones satisfacen las necesidades planteadas por la perduración de la colectividad, sistema cerrado en sí mismo, aunque interdependiente con otros, en el que todas las partes cooperan en una actividad unitaria conjunta, de acuerdo con relaciones regulares, de manera que ninguno de sus componentes puede modificarse sin modificar a las demás. Ahora bien, fue también desde la primera sociología que la sociedad fue percibida también como recorrida en todas direcciones por corrientes libres que perpetuamente están transformándose, puesto que la sociedad humana sólo relativamente se parecía a la organización morfológico-fisiológica de los seres estudiados por la biología, de tal manera que estaba determinada por múltiples factores de imprevisibilidad y procesos de cambio que podían llegar a ser irreversibles. La vida social, desde tal perspectiva, vendría a funcionar como una sucesión ininterrumpida de transformaciones. Algo, por cierto, que intuyera poéticamente de una forma inmejorable aquella canción que popularizara Mercedes Sosa y cuyo título era ya lo bastante explícito: “Todo cambia”.

Es ahí donde cabe reconocer que la pretensión que desde la antropología se llegó a plantear que existían sociedades “frías”, es decir sociedades, por así decirlo, “sin historia”, debe ser matizada. No es que existan sociedades ajenas al cambio. Lo que existen son sociedades que ignorar el cambio; no que no lo experimenten, sino que sortean sus efectos a través de mecanismos rituales o míticos de corrección, que regulan o neutralizan los cambios internos, retornado siempre al punto de equilibrio inicial y manteniendo a raya los efectos perturbadores que los acontecimientos pudieran conllevar. Ni que decir tiene que eso es del todo inconcebible en las sociedades actuales, determinadas por la necesidad que el capitalismo experimenta de estar permanentemente transformando y transformándose, como corresponde a un orden económico y social que se nutre de lo mismo que lo altera.

La distinción entre estructura social y sociedad es, a partir de ahí, fundamental. Existe una estructura social, pero no todo en la sociedad está estructurado. En un sistema societario siempre existen campos abiertos en los que se puede contemplar la actividad de fuerzas agregativas abstractas, informes, caóticas, ajena a sus propios contenidos, preocupadas sólo en aplicarse vivificadoramente sobre la realidad para mutarla o para advertir de la posibilidad constantemente abierta de mutarla. Las fiestas y sus hermanas mayores, las revueltas y las revoluciones, son pruebas de esos dispositivos que nos dan noticia de la  incapacidad que el mundo social experimenta de inmovilizarse, de cristalizar, porque si pudiera detenerse haría mucho que habría concluido su trabajo, y la historia humana habría cesado. No es que la sociedad cambie; es que no puede dejar de hacerlo.

[La fotografía de la entrada es de CYAN MAGENTA)




Canals de vídeo

http://www.youtube.com/channel/UCwKJH7B5MeKWWG_6x_mBn_g?feature=watch