dissabte, 28 de gener de 2012

Mensaje del estudiante de doctorado de Antropología de la UB Giuseppe Aricó a propósito de las noticias aparecidas en la prensa relativas al asesinato de un senegalés por un gitano en el barrio del Besòs de Barcelona, o cómo hacer pasar por "étnicos" problemas sociales.

A principios de este mes de enero se produjo un incidente en el barrio del Besòs de Barcelona al que los medios de comunicación dedicaron una notable atención: el asesinato de un joven senegalés a manos de un gitano, por un motivo aparentemente trivial. El hecho en sí, los disturbios que se desencadenaron y la “paz” que asociaciones gitanas y senegalesas firmaron en un acto público fueron tema de atención por parte de la prensa, que con frecuencia situaba los acontecimientos no donde se habían producido –en la calle Palerm de Barcelona, en el barrio de bloques de mayoría obrera del Besòs–, sino el cercano barrio de La Mina, en Sant Adrià del Besòs, con una importante población gitana y con una larga tradición de estigmatización que lo asocia con la marginación social y la delincuencia. 
A raíz de lo sucedido y la manera como estaba siendo reflejado en los medios de comunicación, el estudiante del doctorado de Antropología de la UB Giuseppe Aricó –que desarrolla justo su investigación en esa zona de la ciudad– me envío un correo electrónico con algunas consideraciones relativas a la manera mediática de representación tanto de La Mina como del Besòs y a cómo se hacían pasar por cuestiones “étnicas” o “culturales” eran en realidad problemas sociales.
Me parece que su reflexión merece la pena ser conocida y, con su autorización, me he permitido trasladar aquí su mensaje. Aclaro que las alusiones que hace al “91” t a “la Palmera” hacen referencia a la revuelta que conoció el barrio del Besòs en octubre de 1991 –la llamada “intifada del Besòs– como consecuencia, se afirmó, de que una reforma urbana en marcha acercará demasiado La Mina y a sus vecinos. Sobre la memoria de los disturbios del 91 he colgado algunas cosas en este blog.: unas fotografías (manueldelgadoruiz.blogspot.com/2009/02/imatges-i-comentaris-sobre-la-intifada.html) y un vídeo (manueldelgadoruiz.blogspot.com/2010/02/besos-al-besos-documental-sobre-la.html).

......


Manuel:
Me preguntaba si estas siguiendo un poco lo del Besòs.
Pues estos días estaba por La Mina hablando con la gente y la cosa se está liando bien parda, y no te niego que me estoy muriendo del asco por la manera en que los medios están tratando lo que ha pasado, o sea que sigue pasando! Los sinvergüenzas esos de LaVanguardia se están aprovechando del hecho que todo haya pasado muy cerca de La Mina, y  no paran de publicar titulares del tipo "miedo en La Mina", "tensión en La Mina", "tiroteo en La Mina" y lo mejor: "La Mina vuelve a ser la ciudad sin ley”, "noche de tiroteos y disturbios en barcelona"..., cuando incluso mi perro sabe que la calle Palerm no tiene mucho que ver con La Mina, y que todo el tema ese de que "estalló la violencia" apenas ha sido asunto de unas horas… ¡y bien comprensible! Y eso sin considerar la imagen que pintan del barrio y de todo el Besòs en general. Pero bueno, ya sabemos cómo funciona eso de los medios.

Sin embargo, creo que el disgusto y la rabia más grande me lo da la manera en que Administración y asociaciones, etc. hayan escenificado "la paz"....,  reduciendo una vez más un acontecimiento como este, que remonta a problemáticas estructurales mucho más serias, a un mero problema de "fracaso multicultural" o peor aún "étnico", como si todo fuera causa del supuesto "choque entre culturas". Es decir, entre los que mucha sociedad suele etiquetar como pobres y molestos vendedores ambulantes senegaleses, y ricos gitanos ladrones, camellos y drogadictos.... Nadie y absolutamente nadie, pone el acento sobre las cuestiones de la creciente desocupación, los desalojos,  la densidad, la precariedad, la fuerte segregación del barrio (que sigue de forma directamente proporcional a la especulación urbana), y por supuesto, ni de coña nadie se atrevería a relacionar dichas cuestiones con la muerte de un joven senegalés, ni mucho menos con la locura de un gitano

La cosa da mucho que pensar y creo que a la hora de incluir lo sucedido en la investigación habría que destacar dos cuestiones importantes. Es más, incluso habría que hacerlo aparte de la investigación; humanamente hablando digo..

En primer lugar, diría que el hecho de aprovecharse a nivel mediático de la cercanía con La Mina tiene mucho que ver con "los usos" de La Mina. Es decir el uso estratégico que se hace del barrio como espacio urbano: por un lado a nivel político desde lo alto (defensa del suelo); por el otro a nivel popular desde abajo (defensa del espacio). Naturalmente ambos usos se mantienen muy "porosos": nunca se sabe dónde termina uno y empieza otro. Y esto vale tanto para La Mina como para el Besòs.

En secundo lugar -y creo que este es el punto clave-, lo más grave es como mediante lo "institucional" se acaba por hacer pasar por "culturales" o "étnicas" unas problemáticas que en realidad son de carácter descaradamente social (y en ocasiones políticas y económicas). Quiero decir que el problema (si es que lo hay) no responde a supuestas diferencias culturales o “raciales”, ya que en definitiva esa distancia entre vecinos, sea por clase o por cultura o “raza”, etc., no deja de ser una distancia imaginada. Una distancia que entra en escena y se pone en marcha sólo cuando las instituciones no quieren hacer frente a una problemática social porque le resulta políticamente incomoda. Es en este momento que lo simbólico -lo imaginario- se inscribe en la cruda realidad.

De hecho es cierto que en el 91 el problema de fondo era la ansiedad que generaba La Mina en el imaginario colectivo como símbolo de delincuencia, drogadicción y sobre todo incivismo. Pero, por otro lado, para la clase social obrera del Besòs (ya empobrecida y afectada por el desempleo) la cohabitación cercana con residentes de La Mina podía convertirse en el signo que confirmaba su declive y el de todo el barrio. Este era el gran y único miedo de los vecinos. Si se analizara este aspecto, emergería que esa supuesta "distancia vecinal" queda relegada a una dimensión puramente simbólica, que no tiene nada que ver con  la experiencia cotidiana de interacción entre los habitantes de ambos barrios, por la calle o los supermercados por ejemplo.

Sin embargo, en el caso del solar de La Palmera, se reivindicaba por parte de los vecinos del Besòs una utilización exclusiva de un espacio, ¡y no solo a un nivel simbólico sino dramáticamente real! Y digo real porque la motivación que sustentaba la acción de reivindicación y protesta vecinal de la gente del Besòs se fundaba en antiguos conflictos políticos con el Ajuntamient, por los cuales era legitimo "defender" el espacio. No se trataba de una motivación racial en contra de la gente de La Mina, pero todo fue igualmente disfrazado de étnico, racial y cultural por parte del mismo Ajuntament. Esto es, el interés popular de los vecinos por el espacio chocaba con el interés político del Ajuntament por el suelo.

Creo que sea exactamente este el punto central de todo el asunto, el hilo aparentemente invisible que enlaza lo de la Palmera con lo del carrer Palerm a lo largo de más de 20 años: la disputa entre "pobres" por el espacio y, sobre todo, por un uso exclusivo del mismo. De hecho hay que tener en cuenta que los senegaleses que viven por el Besòs son, en parte, de los que estaban en el Poblenou y hicieron allí una cooperativa ocupando unas naves hasta que les echaron y fueron a ocupar al Besòs en una situación extremamente precaria. En el ya complicado proscenio social del barrio, la manera en que un senegalés puede ganarse la vida no difiere mucho de la manera en que lo hace un gitano. La variable es dada sólo por la competencia hacia recursos socio-económicos escasos; un factor que a lo largo del tiempo ha causado una segregación física importante, generando una verdadera "lucha entre pobres". Por ello, en el Besòs -así como en La Mina- muchos gitanos tienen un fuerte "marcadismo" tanto a los senegaleses cuanto a los paquistaníes, a los rumanos, a los chinos y a cualquier especie de payo en general. Pero me permito de estar totalmente seguro que a ninguno de dichos grupos humanos le importa realmente un pepino del tema de la “raza”, ni mucho menos el de lo étnico o cultural. Y lo digo porque lo veo cotidianamente con mis ojos, y no sólo en el Besos o en La Mina. En cambio, los medios y las instituciones no pueden hacer menos que ejercer ese discreto encanto de tachar de “cultural” cualquier asunto de relevancia social.

Al fin y al cabo, aunque con matices diferentes, los dos "acontecimientos"  se ven estrictamente relacionados: ambos revelan las dinámicas de poder en juego por el uso y la apropiación del espacio en el barrio.

Bueno Manuel, seguiré el asunto y ya sabes que cualquier aportación tuya es bien agradecida, gracias.
Un abrazo, 

Giuseppe Aricó

[La fotografía de la entrada es de Massimiliano Minocri y está tomada de la página web de El País]



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