dimarts, 31 de gener de 2012

Sobre la "lejanía" de los crímenes del franquismo y el papel del PCE en la llamada "transición". "Asignatura pendiente", José Luis Garci, 1975


Algunas consideraciones. En primer lugar, los crímenes del franquismo no son una realidad remota en el tiempo, cuyas víctimas y culpables han desaparecido hace tiempo. Todo lo contrario. Conviene recordar que los estragos del franquismo llegan hasta el final de la dictadura, cuanto menos a su final oficial en 1977, con las primeras elecciones generales. Entre los últimos asesinatos del franquismo están los de los obreros masacrados en Vitoria en 1976, un crimen cuyo responsable, el recientemente desaparecido Manuel Fraga Iribarne, nunca fue procesado por ello. En la última década del regiment franquista, decenas de miles de personas fueron despedidas, represaliadas, detenidas y procesadas, algunas por el tristemente célebre Tribunal de Orden Público, el TOP, otras, como yo, todavía por tribunales militares. Las víctimas y los verdugos de todo aquello no somos venerables ancianos, sino profesionales en activo que no han visto, según los casos, ni reparado su sufrimiento ni castigada su culpa. A esta última fase del fascismo en España le correspondió el Proceso 1001 contra dirigentes de Comisiones Obreras, entre ellas Marcelino Camacho, al que José Luis García rendía homenaje en “Asignatura pendiente” (1976), una película con Fiorella Faltoiano i José Sacristán, en la que Héctor Alteiro actuaba como un preso político al que es fácil identificar –aunque sea por su jersey– con Camacho. Esta es la secuencia de la que he copiado el corte de voz de ayer. 
La otra cuestión es la del papel que la izquierda, y en particular el Partido Comunista, jugó en lo que sería la impunidad y el olvido de los crímenes del franquismo, cuyo intento de reparación han llevado al juez Garzón –por el que experimento una total aversión por su complicidad con los crímenes de la democracia en España– al banquillo. En efecto, no es cierto lo que ahora también se sugiere de que el franquismo se autoamnistió. Al contrario, fuimos los antifranquistas, y sobre todo el PCE, quien en nombre de la “reconciliación nacional” ofrecimos a los torturadores y asesinos fascistas dar la cuenta por saldada y dejarla a cero. En ese sentido ofrecía el testimonio del texto mecanografiado de un mitin del PSUC, el partido comunista catalán, en Manresa, en 1976, en la que un dirigente recientemente fallecido, reclamaba la amnistía para quien, apenas hacia unos meses, había detenido y torturado salvajemente a sus propios camaradas. Ese texto lo he reproducido en la entrada anterior en este mismo blog




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