dijous, 4 d’agost de 2011

Lucha estudiantil y represión policial en Santiago de Chile, ahora mismo. Testimonio directo de Olga Achón

Afegeix la llegenda
Olga Achón, una recién doctorada nuestra que trabaja en Santiago de Chile, me acaba de enviar esta crónica de los enfrentamientos entre estudiantes y policías de ahora mismo en el centro de la ciudad. La fotografía está tomada ahora mismo de la página de El Mercurio.

Estamos poniendo alfombras bajo la puerta de entrada y corriendo las cortinas pues la casa se está llenando de gas lacrimógeno. Acabamos de presenciar una batalla campal en pleno Parque Forestal. Cual centúria romana un grupo de carabineros ataviados con indumentaria antidisturbios y gases forma una barrera para contener la marea de estudiantes que huyen de los guanacos y sus chorros de agua. Unos metros más arriba, cerca ya de plaza Italia, otra batalla se libra.

Como si de una escena del mayo francés se tratase la fuerza legítima acarrea los cuerpos de los manifestantes por el suelo mientras sus madres fotografían a los agentes impidiendo así un uso mayor de violencia. Este ha sido el primer episodio de la historia por entregas sobre el desmoronamiento del orden social establecido que la clase media está logrando subvertir. Sus peticiones de mayor justicia reivindicadas a través de cambios en la educación secundaria y universitaria parecen, por primera vez, estar siendo escuchadas.

No en vano ya se han producido cambios en la cartera del Ministerio de Educación siendo principal el reemplazo del ministro Joaquín Lavín por Felipe Bulnes. Si el gobierno de la Concertación poseía el poder de disuasión de este tipo de exigencia, pues su discurso de izquierda y el papel crítico que ejercieron durante la dictadura les permitió mantener la confianza de los ciudadanos que los llevaría a gobernar el país durante más de veinte años, el de la Unión Demócrata Independiente, representada por Sebastián Piñera, no goza de ella. En representación del empresariado y la clase alta enriquecida a fuerza de no otorgar al ciudadano medio la oportunidad de estudiar, cantera de fuerza de trabajo a precios irrisorios, no puede sino negociar las condiciones que apacigüen el conflicto.

Principal escollo es la desmunicipalización de los colegios, a los que los la clase media 
acomodada y la alta no acuden. Esta petición responde a la necesidad urgente de terminar con la opresión del estudiante que configura la media estadística, que no la media social. Significa la ruptura del círculo vicioso que condena a los municipios pobres de la ciudad, pues Santiago tiene más de una municipalidad, a sufragar los gastos que la entrega de educación supone. Una brecha secciona las clases. Los pobres en colegios pobres, cuyas infraestructuras muestran la desidia del gobierno por solucionar un problema social básico para el desarrollo del país, los ricos en colegios ricos. En continuidad con la segregación espacial manifestación de una sociedad fracturada, cada municipio funciona como una suerte de micro estado haciendo depender la suerte de cada uno de los hombre del azar de haber nacido en Las Condes o en Huechuraba.

La gratuidad de la enseñanza universitaria para aquellos que habiendo superado el obstáculo que supone haberse educado en colegio de pobre han logrado entrar en la universidad es otro tema. Pero gratuidad, ¿donde? ¿en las miles de universidades 
pirata, corsarios de la educación, en las que se imparte carreras de dirección de arte, por ejemplo? Por supuesto que no, buscan granjearse un destino en los pasillos de universidades con solera, las llamadas tradicionales, aquellas donde campan pelolais enfundados en Levi`s, portadores de Swatch. Una suerte de invasión es la que se teme. Como sucediera con el metro de Santiago, lugar impoluto de rotos, como así llaman a los pobres, el rico teme la entrada a la casa de Andrés Bello de la chusma.

Gentes que trabajan y estudian para pagar los créditos desorbitados que su paso por la universidad les ha legado. Ahí están, ahí fuera. Una táctica de concentración y dispersión que se repite hasta la saciedad han desarrollado. Desde Plaza Italia hasta el Parque, de ahí, retirada y dispersión hacia Bellavista y de nuevo reintegración del grupo en la Plaza. Su condición física impone límites al carabinero barrigudo que no alcanza a su objetivo. En medio de la vorágine, el indigente local duerme plácidamente en su banco, promesa de otras revoluciones venideras.

Canals de vídeo

http://www.youtube.com/channel/UCwKJH7B5MeKWWG_6x_mBn_g?feature=watch