dijous, 18 d’agost de 2011

El 15M y la posibilidad de un Tea Party de la izquierda rupturista española

Foto de Susana Vera
Mensaje a los/as camaradas de la Cèl·lula Ramon Casanellas del Partit dels i les Comunistes de Catalunya.

EL 15M Y LA POSIBILIDAD DE UN TEA PARTY DE IZQUIERDAS EN ESPAÑA
Manuel Delgado

No he sido yo quien lo ha apuntado: las analogías formales en su manera de existir y desplegar su presencia, su naturaleza de movimiento esencialmente de base y ajeno cuando no hostil a la estructura de partidos e incluso el tono airado de sus pronunciamientos hacen del todo comparable al Tea Party norteamericano con el movimiento 15M, aunque por supuesto la orientación política de uno y otro estén prácticamente a las antípodas. La comparación no es, por tanto, nada original y algún lector del bloc ya la ha introducido en algún comentario. Si os dais una vuelta por la red encontraréis más de una referencia a ese paralelismo, incluyendo la del propio James Lery, uno de los exponentes más significativos del Tea Party hoy por hoy.

No tengo la más remota idea de qué va a ser del movimiento de los indignados. Es más, ni siquiera estoy seguro de que logre sobrevivir. Me preocupa haber descubierto la otra tarde el anaquel de una librería barcelonesa cargado de libros y libritos sobre los indignados, sobre quienes son, qué piensan, qué hacen…, lo que advierte el peligro que acecha al 15M de un banalización mediática en tanto que “tema de actualidad”. En ese sentido, me avergonzaría pasar por un quincemólogo más. Si me pronuncio no es como un analista, ni como un experto. He estado ahí, he acampado en la plaça Catalunya, he participado en las asambleas y he acudido a casi todas las convocatorias: soy y me considero, por tanto, miembro activo del movimiento, con derecho  y una cierta obligación a pensar sobre lo que estoy haciendo con otros y otras en contra de un estado de cosas que detesto y que me afecta tanto como a los y las demás.

Desde esa perspectiva, lo que tengo claro, porque lo he visto con mis ojos, es que la gran virtud que ha demostrado hasta ahora el 15M es su capacidad no sólo de incorporar a miles de personas a la discusión y a la acción políticas, sino de arrastrar a la unidad de acción a prácticamente la totalidad de la oposición al capitalismo, desde la extrema izquierda a muchísima gente de partidos y sindicatos de la izquierda institucional. En la plaça Catalunya y delante del Parlament he visto juntos e indiferenciados a jóvenes del movimiento okupa, anarconsindicalistas de la CGT, un montón de gente d’Esquerra Unida i Alternativa,. independentistas de las CUP, cristianos de base e incluso personas  del PSC de las que podría dar nombre y apellido, además de muchísima gente que nunca se había movilizado hasta ahora. No se olvide que a la convocatoria de la manifestación del 19J se suma la Plataforma contra les retallades, en la que están integrados CCOO i UGT. Es más, puedo ofrecer el testimonio personal de que a la gran manifestación del 19 de junio estaba Joan Carles Gallego, secretario general de CCOO, a unos pocos metros, por cierto, de Pepe Ribas, fundador y director de Ajoblanco.

Más testimonios personales: en la noche de la victoria del Barça en la Copa de Europa, en un momento determinado estábamos charlando amigablemente Quim, un camarada del Partido muy vinculado a las actividades del Ateneu Roig de Gràcia y un estudiante, buen amigo también, que hacia unos días había estado plantado protestando a las puertas del Ateneu contra una conferencia de los líderes de CCOO y UGT. Un día a punto de pegarse y aquella noche cogidos del brazo defendiendo la acampada.

Piénsese en el papel que ha jugado desde el primer momento la FAVB, lo que ha provocado situaciones bien curiosas, como en el Bon Pastor, donde el núcleo del movimiento 15M en el barrio lo constituían personas vinculadas a la asociación de vecinos miembro de la FAVB, partidarios de la remodelación de la zona, crónicamente enfrentados a quienes hacía años estaban luchando contra la demolición de las casas, que, por supuesto, también estaban comprometidos en el movimiento.

Son algunos ejemplos de cosas que se han visto y se van a ver si el 15M sobrevive y consigue cuajar, pongamos por caso, bajo la forma de un movimiento transversal y de amplia base como es el Tea Party americano, que agrupe inorgánicamente, como hasta ahora, un amplio espectro que va –que está yendo– desde la extrema izquierda autónoma, independentista y anarquista –los famosos “antisistema” inventados por la fantasía policial y mediática– hasta individuos o corrientes incrustados en los sindicatos y partidos de la izquierda clásica –como pasa con el Tea Party con el Partido Republicano–, pasando por todos tipo de plataformas y asociaciones más o menos institucionalizadas, incluyendo alguna vinculada nada más y nada menos que a la Iglesia católica, en concreto a la Compañía de Jesús, como es el caso de Justícia i Pau, cuyo presidente, Arcadi Oliveras, se ha convertido en el rostro moral, por así decirlo, del movimiento.

Eso no quiere decir que el movimiento no deba ser prudente ante lo que ya han sido intentos de entrismo de la extrema derecha. El coqueteo de Rosa Díez y de UPyD con el 15M y el apoyo explícito de Falange Española son pruebas del peligro que implicaría una excesiva indefinición ideológica o la impugnación grosera y sin matices de la democracia formal. 

Dicho de otro modo: hemos de aceptar una evidencia, la premisa de la que hemos de partir, relativa al punto en que estamos en este momento histórico: hemos sido derrotados. La izquierda –toda la izquierda, sea cual sea su denominación de origen– ha sido derrotada. La clase obrera ha sido derrotada y ha pasado, ella misma como clase, a la clandestinidad. Lo que hay son los restos de un naufragio que hay que reagrupar como sea, aunque sea adoptado formas inéditas hasta ahora, como las que está desplegando el 15M. A lo mejor esa manera horizontal de organizarse y tomar decisiones descubre ventajas que compensan y mejoran sus inconvenientes. Esperemos a verlo, contribuyamos al experimento y, si es preciso, aceptemos felices habernos equivocado.

Así pues es indispensable que asumamos que no podemos continuar arrastrando contenciosos históricos, porque no hay ideología ni opción política que no tenga de qué avergonzarse por lo que en un cierto momento hizo o dejó de hacer. Y, por supuesto, es indispensable que renunciemos a ese dogmatismo que tanto daño ha hecho a la izquierda a lo largo del tiempo y que está en la base de casi todos nuestros errores y fracasos.

Yo no puedo dar consejos a los y las militantes libertarios o independentistas para que acepten ese reagrupamiento en la acción que, de hecho, no están obstaculizando en la mayoría de casos. Lo que sí que puedo y debo es dar fe de su honradez, de su capacidad activista y de cualidades humanas que hacen de mucho de ellos y ellas amigos y amigas que aprecio  y con los que me paso el tiempo complicándome la vida. El dogmatismo de algunos es, en todo caso, un rasgo más psicológico que político.

En cuanto a “los míos”, también entre ellos, como en todas las iglesias, hay fanáticos de lo que no deja de ser una variable de clericalismo. Otros viven aferrados a los cargos institucionales que la "generosidad" de nuestros aliados de Iniciativa se han dignado concedernos y que por desgracia ha ofrecido de los comunistas la imagen de un partido "como los demás". Desde luego la penosa posición de EUiA en los incidentes ante el Parlament, compartiendo el mismo discurso que el PP i Ciutadans es vergonzante y un factor tremendo de deslegitimación. Pero creo que una buena parte de la militancia, sobre todo juvenil, entiende la importancia de lo que en la práctica es una reformulación del viejo objetivo de un frente de izquierdas, que no tiene porqué ser siempre un frente con quienes están a nuestra derecha.


Si se me permite también ahí un comentario, lo que me subleva es que les escandalice e incluso sorprenda por extravagante a algunos camaradas sea una propuesta como la que estoy formulando de empujar una movilización como la del 15M, que implica en la práctica este reagrupamiento de las izquierdas que tanto urge, y que es importante que sume y articule expresiones extraparlamentarias o incluso antiparlamentarias de lucha política con presencias –o infiltraciones si se prefiere– en el aparato político institucional, de la mano de cargos electos afines a los planteamientos del movimiento. Y digo que me saca de quicio es porque estos camaradas parecen no reconocer que lo que estoy pidiendo es algo que ya tuvo un nombre, pero que nunca llegó a  ser una realidad: Izquierda Unida y, en nuestro caso, Esquerra Unida i Alternativa. Estos amigos tan renuentes a lo que entienden como una  promiscuidad doctrinal pecaminosa, parecen olvidarse de cómo, desde donde y con quién se fundó IU. Que recuerden que nació precisamente de algo bastante parecido al 15M, como fue la movilización popular contra la entrada de España en la OTAN, y que a su creación en 1986 Nicolás Sartorius –otro que tal– invitó explícitamente a sumarse a sectores anarquistas conscientes de la importancia de esa propuesta de reorganización. Soy del todo consciente de que ese objetivo unitarista no se ha cumplido, aunque la presencia en la coalición de personas como Sánchez Gordillo y del SOC andaluz da una idea de la potencialidad de IU para albergar posiciones de crítica radical al capitalismo.

Bueno, todo esto son opiniones y valen lo que valen las opiniones. No llega ni siquiera a análisis. Es más bien una desiderata que resulta de mi propia praxis política como militante de base. En ese frente que el 15M ha abierto –y al que hay que ayudar a fortalecer, para que dure y se consolide en sus propios términos y con su propia lógica– he visto juntas a personas con idearios políticos muy diferentes y hasta incompatibles en el plano teórico. Durante unos días extraordinarios de la primavera de 2011 me hicieron soñar que no estaba todo perdido. No les perdonaré que me despierten.




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