dimarts, 28 de juny de 2011

Una tesis doctoral sobre la Plaça de Catalunya de Barcelona. Noticia de "Dinámicas de interacción pública en escenarios urbanos. Espacios públicos, privados y de transición en Barcelona, Austin y Saltillo", de Gabriela de la Peña

Decididamente, el mundo es un pañuelo y el azar, como escribiera Breton, se toma permanentemente la molestia de demostrarnos que no existe. El pasado 20 de mayo, en la Facultat de Geografia i Història, en el campus Raval de la UB alguien leía una tesis doctoral sobre un lugar donde, a penas a unos metros, se confirmaban rotundamente las intuiciones desarrolladas en forma de hipótesis en la tesis. La doctoranda era la profesora de la Universidad Autónoma de Coahuila Gabriela de la Peña. Los miembros del tribunal era Nadja Monnet, de la Universitat Autònoma de Barcelona; Paco Cruces, de la UNED, i Pedro Tomé, del CSIC. Yo fui la persona a la que cupo el privilegio de tutelar la tesis. El tema era… la Plaça Catalunya, como colosal artefacto de catalización de la vida social en público en Barcelona.

En realidad, el asunto era la comparación entre tres espacios públicos urbanos. De ahí su título Dinámicas de interacción pública en escenarios urbanos. Espacios públicos, privados y de transición en Barcelona, Austin y Saltillo. Los otros dos marcos sociales eran la Colonia Jardines del Valle, en Saltillo, Cohauila, México, y el Down Town de Austin, Texas. Pero, con mucho, el protagonismo de la investigación se lo llevaba sin duda la Plaça Catalunya de Barcelona, donde bien cerca del escenario de la defensa de tesis se estaban desarrollando acontecimientos que no cabría dudar en llamar históricos, con la acampada del movimiento 15M ocupando un espacio que así asumía su vocación de lugar de y para la acción social colectiva.

El asunto central de la tesis era el de las formas de interacción social en un espacio público urbano como la Plaça de Catalunya, que se caracteriza por ser el campo de un intercambio veloz, en movimiento, de libre acceso a sus usuarios y reconocido por los agentes sociales como el espacio propicio para el despliegue de actividades en un terreno céntrico y neutral en la ciudad. La comprensión de su naturaleza como tal, que era caracterizado como un escenario a punto para el espectáculo, le permitió a Gabriela entrever las variables que lo constituían como tal: la co-presencia, la visibilidad, el movimiento.

Dada la complejidad de los roles especializados que un urbanita debe desempeñar en su vida cotidiana, trasladándose de un lugar a otro y de un mundo social a otro, las figuras de transición entre un espacio que se considera privado (la casa, por ejemplo; las oficinas de trabajo o las aulas de una escuela) y otro reconocido como público (las calles, las plazas, los sitios de libre tránsito en la Ciudad), aparecen de forma permanente, ya sea a través de la designación de una persona que cumpla dicha función, o bien, de acciones y medios que los mismos urbanitas utilizan para contar con ese espacio intermedio que es cierre y antelación entre lo privado y lo público, y que se compone de adaptaciones permanentes de acuerdo con el contexto de la situación.

Si bien el verbo “catalizar” -que proviene del campo de la Química y se refiere a la acción que provocan algunos elementos para acelerar los procesos de transformación en los que han sido insertados- parece una metáfora adecuada para hablar de la naturaleza de la interacción social en las plazas urbanas y de su relación con las prácticas de sociabilidad y apropiación que se presentan en otros espacios de la Ciudad, hay sin embargo un aspecto de este concepto que no concuerda con el intercambio que establecen los agentes sociales en estos sitios: mientras en una reacción química los elementos catalizadores aceleran el desarrollo de un proceso sin transformar al resto de las sustancias contenidas en la fórmula, las personas que interactúan –de forma verbal, gestual o través de un lenguaje cinestésico- en un lugar público y urbanita, generan a través de este contacto un ambiente social y paisajístico propio de las circunstancias momentáneas de esa interacción; pero que no es ajeno al contexto social, político, económico y cultural más amplio del universo material y simbólico en que se ubican. Por el contrario, esta interacción parece estar permeada de lo que acontece en otros espacios sociales y en la Ciudad en su conjunto; y formar parte de una dinámica de interrelación entre lo público y lo privado como espacios en los que se generan y discuten los fenómenos de interés común.

En lo que sí es adecuada la metáfora de la plaza como catalizadora de otros procesos sociales, económicos y políticos en la Ciudad, es que en ella tienen lugar formas y contenidos de interacción que generan, ponen en duda o reafirman las percepciones que sobre problemáticas diversas tienen los urbanitas como resultado de sus experiencias en otros espacios públicos, entendidos estos como lo que a la luz de los demás se constituye como realidad del tiempo y espacio en que estos se ubican.

En la plaza, en efecto, los individuos constatan la realidad social del momento de esa comunidad que lo es en tanto reunión pública instantánea (donde hay conciencia de la composición de esa mezcla paisajística y cultural) como por ser el espacio de las interacciones sociales de individuos que forman parte de otros escenarios urbanos en los que juegan roles específicos en momentos determinados y que, en su conjunto, construyen lo que la Ciudad es; trasladado ahora a un espacio público dispuesto para la visibilidad –o el ocultamiento- y para la aproximación –o el distanciamiento- que en principio, está ahí para ser apropiado por ellos con fines de un intercambio social que se entiende limitado sólo por reglas de uso y tránsito, pero predeterminado por las creencias que con respecto a la convivencia pública tienen quienes ahí se encuentran reunidos.

Si bien estas reglas y creencias son dinámicas y responden en gran parte a las circunstancias del encuentro momentáneo, también tienen anclajes en los discursos sociales más amplios que se presentan en la ciudad con respecto a las problemáticas contemporáneas que se generan en esa sociedad. La plaza es, en ese sentido, el escenario en que se hace visible el estado de las cosas en la sociedad; y no lo es en un sentido mágico, sino bajo la conciencia de esto por parte de sus usuarios, que son agentes de la composición y las acciones momentáneas en la plaza.

Después de la defensa de la tesis y que ésta obtuviera la calificación que sin duda merecía –Cum Laude–, nos fuimos todos –doctoranda, miembros del tribunal, invitados/as y, por supuesto, yo mismo– a la Plaça Catalunya. En aquellos momentos una multitud nos acompañaba con el mismo destino e idéntico objetivo: llenar la plaza de miles de personas que impedirían su eventual desalojo, cumpliendo las órdenes de la Junta Electoral prohibiendo la acampada. Una magnífica manera de percibir y vivir la corta distancia que, en antropología al menos, hay o debería haber entre el discurso académico y la participación activa en las cosas que pasan, sobre todo aquella noche en que el centro histórico devenía “histórico” en el sentido más literal de la palabra.


La tesis de Gabriela está disponible en http://tdx.cat/bitstream/handle/10803/31828/GPA_TESIS.pdf?sequence=1] y la fotografía es una de las que componen la colección de imágenes de Barcelona, Saltillo y Austin que Gabriela de la Peña preparó para la tesis y que pueden encontrarse en http://www.flickr.com/photos/63731763@N04/. En este caso es una foto de la Plaça Catalunya en el periodo en que Gabriela desarrolló su trabajo de campo, en febrero de 2001.





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