dissabte, 18 de juny de 2011

Cómo y para qué se lanzó a los diputados catalanes a los leones - Crónica personal del 15J en Barcelona para Isabel Correa, arquitecta de Medellín (Colombia)

Isabel: 
Muchas gracias por interesarse por lo que está pasando aquí. Desde luego que es apasionante y ojalá sirva para algo y cuaje en algo parecido a una esperanza. En cuanto a los hechos ante el Parlament del dia 15 de junio, yo le cuento lo que vi y lo que viví.

A eso de las 7 de la mañana nos fuimos para el Parc de la Ciutadella. Toda la familia: Carlota, Selma y Cora; enseguida llegaron Ariana y Jaume. Como sabes, vivimos al lado y era recorrer sólo unos cuantos metros. A la altura de Almogàvers vimos una cantidad inmensa de coches y furgonetas de policía. Nunca habíamos visto nada parecido.

Le aclaro que para mí el asunto tenía un valor especial, por el interés que nos impone el proyecto de investigación que tenemos en marcha sobre apropiaciones insolentes del espacio urbano. Estaba intrigado acerca de cómo se iban a desarrollar los acontecimientos y cómo resolvería la policía el "problema" del acceso de los políticos al interior del parque, que es donde, como sabe, se halla el Parlament.

El caso es que al llegar a Pujadas/Wellington había un cordón policial que no nos dejaba pasar (la línea azul que aparece en la foto de satélite que le adjunto). Lo que vimos fue una masa enorme de gente rodeada de policía que estaba sentada en el centro del passeig de Pujades. 
Enseguida inferí que eran los que estaban ahí desde primera hora; gente que había acampado la noche anterior frente al parque. Es la mancha lila. El Parlament es lo rodeado de amarillo. Usted conoce Barcelona, con lo que le será fácil reconocer los espacios que aparecen en la foto.

Había tensión, lo que entendí más tarde con las imágenes de lo que poco antes, a las 6,30 de la madrugada, había sido allí mismo una dura carga policial. He colgado unas imágenes. http://manueldelgadoruiz.blogspot.com/2011/06/15-de-juny-violencia-desfermada-davant.html. Por cierto, ¿por qué se habla de este tipo de policías como "antidisturbios"? Parecería más propio hablar de sus actuaciones como de "prodisturbios", porque no queda claro si su función es evitar los altercados o desencadenarlos. En fin; pero esa es otra historia.




Nosotros nos quedamos detrás de la barrera policial -líneas azul marino- a donde iba llegando cada vez más gente, hasta que se congregaron centenares de personas que hacían sonar cacerolas y sartenes y que no dejaban de aumentar minuto a minuto. Al final creo que eran  cientos. Había gente que también hacía ruido desde los balcones. La masa que se fue acumulando la indico con la mancha marrón.

A eso de las 8 vimos al otro lado de la calle, de lejos y al fondo de Wellington, a la altura de Ramon Turró, que la policía estaba cargando contra otro grupo de personas. Automáticamente dedujimos que estaban abriendo camino para que los diputados entraran por el acceso del zoo, por Wellington/Villena, sin duda el más practicable y seguro dadas las circunstancias. Justo la tarde anterior estuvimos especulando Carlota y yo sobre que lo más probable y razonable es que entraran por allí, aunque ello pudiera resultar un tanto humillante. Es la flecha verde del mapa. Por otro lado, estoy seguro de que a lo largo del passeig de Circumvalació también había accesos posibles y además sin indignados. En cambio lo que pasó fue otra cosa del todo incomprensible.

A eso de las 9 de la mañana nos fuimos a tomar un café a un bar que estaba en la confluencia Wellington/Pallars. Salí un momento a fumarme un cigarro y de pronto me encuentro de bruces con cuatro o cinco personas que por su aspecto no podían ser más que diputados. No puede ser, me dije. Diputados allí, sólos, atravesando una especie de "territorio comanche" para ellos, sin ninguna protección. Lo que me imaginé de entrada es que se habían despistado, o algo por el estilo. Pero no.

Lo que vimos después parecía increíble. De pronto, por la calle Wellington abajo y por avinguda Meridiana o Marina en la misma dirección –flechas rojas– empezaron a aparecen parlamentarios a pie, desorientados, como perdidos, que eran interpelados por la multitud –la mancha marrón– que inevitablemente tenían que atravesar si querían ganar la única entrada abierta, que no era la del zoo, sino una justo delante de donde estábamos, es decir por el propio passeig de Pujades. Es decir, el peor lugar y la peor ruta de las imaginables.

No puede ni imaginárselo. Eran como zombis a los que sólo protegían de los más exaltados los periodistas y los propios manifestantes. Era un espectáculo alucinante, extrañísimo, pero también algo ridículo, como una película de Fellini. ¿Cómo era posible que se pretendiera que los parlamentarios llegaran al Parlament caminando, como si nada, atravesando toda una masa hostil que les estaba esperando? ¿Por qué no se les protegía? ¿Por qué se les obligaba a meterse de lleno en lo que en aquel contexto era la boca del lobo?

Se dice que había policías infiltrados provocando incidentes. Yo no los vi, lo que no quiere decir que no hubiera. Lo que vi en cierto modo era peor. Quienes estaban provocando sin querer eran aquellos políticos a los que se había dejado literalmente desamparados entre los manifestantes, como si fueran una especie de carnaza que se les hubiera lanzado para que la devorasen.

Estas imágenes le darán una idea de lo casi cómico de la situación: http://www.youtube.com/watch?v=_q5aAPQ3QDo. Digo cómico porque está claro que nadie agrede ni parece intentar agredir al diputado que pide auxilio. Si los manifestantes hubieran sido realmente violentos lo hubieran despedazado allí mismo, porque lo tenían fácil. Estaba completamente a su merced y sin defensa posible.

Realmente parecía que se había buscado a postas lanzar a los diputados a los leones; no a los del zoo –que hubiera sido en comparación mucho más razonable–, sino a los que entre la multitud estaban deseando echarse un diputado a la cara para decirle cuatro cosas.

Sinceramente, me quedé con la impresión de que alguien había deseado que pasara lo que finalmente pasó, o algo mucho peor incluso. Es fácil adivinar con qué fin: provocar una situación de violencia de la que las víctimas serían unos diputados indefensos, linchados por las turbas a cuya merced habían sido puestos deliberadamente.

El plan parecía claro. Primero, entre 6,30 y 8,30 los mossos d'esquadra "calientan" a la gente con unas cuantas cargas y, acto seguido, se suelta a los diputados para que la gente recíen aporreada se ensañe con ellos. Por supuesto que es una interpretación, pero de ser cierta, como plan hay que reconocer que es bueno.

A las 9,20 nos marchamos porque ya vimos que aquello estaba sin control. Mejor dicho, sólo con el control de los propios manifestantes, que en su inmensa mayoría evitaron que aquello no fuera una tragedia.

Insisto: si los manifestantes hubieran sido realmente violentos -tal y como estoy seguro de que el gobierno catalán deseaba- muchos de los parlamentarios no hubieran sobrevivido al desamparo en que habían quedado. Hubiera sido una carnicería. Me gustaría pensar que todo como consecuencia de la torpeza de quienes organizaron el dispositivo, pero que tuve la sensación de que no fue la incompetencia, sino una astucia perversa -aunque finalmente frustrada- lo que estaba detrás de todo aquello.

La sonrisa de felicidad que exhibía inmediatamente después de los incidentes el conseller de Interior, Felip Puig, era sin duda la clave. Había conseguido que los diputados fueran insultados, humillados y alguno incluso agredido -algún empujón; nadie resultó herido- por los abyectos indignados, cuya naturaleza maléfica habia quedado probada.


Eso por no hablar de la escena patética, de ginyol, del President Mas aterrizando en helicóptero en el parque. Seguro que estuvo tentado de tirarse en paracaidas. Todo el conjunto daba la impresión de algo irreal y grotesco. Le vuelvo a llamar la atención de que ningún político salió dañado, excepto en su orgullo, que en efecto tuvo que quedar maltrecho. Ellos y ellas: seres sagrados, intocables, como una casta sobrehumana a la que los demás mortales no podemos acercarnos si no es entre adulaciones y reverencias y a los que una chusma infame se había atrevido a interpelar de manera irreverente. ¡Dónde iremos a parar! El país se hunde, los corruptos campan a sus anchas y ahora se amenaza con largas penas de cárcel a quienes se atrevieron a molestar a sus señorías.

Pero creo que les ha salido el tiro por la culata. La contrainformación que empezó a circular contradiciendo la versión oficial y denunciado la maniobra ha hecho que la treta haya fracasado y no hayan logrado ni remotamente su meta. Al contrario. Tengo la impresión de que ha sido tan grotesta y descarada la operación que el movimiento 15M ha salido reforzado. Yo creo que para los políticos y los medios de comunicación a su servicio -todos- debe ser desolador ver que su control sobre la opinión pública ya no es eficaz. Ya nadie les cree.

Da la impresión -se lo prometo- de que los poderosos están de veras acorralados. 
Y lo están. Mañana se verá.

En fin. Eso fue lo que vimos y así te lo he contado.
Tendría que estar aquí. Todo es como un sueño.
Un beso.



Canals de vídeo

http://www.youtube.com/channel/UCwKJH7B5MeKWWG_6x_mBn_g?feature=watch