dimarts, 17 de maig de 2011

Poeta Muerta - El diario de Patricia H. - 9 de enero de 2009


[Empiezo aquí la transcripción del diario de Patricia Heras, la muchacha condenada en el proceso 4-F que se quitó la vida hace unos días. He creído que era pertinente arrancar con la entrada en la que relata la circunstancias en que se produjo su detención. La crónica es larga y la iré reproduciendo por episodios. El primero es el del accidente de bicicleta que le llevó al servicio de urgencias del Hospital del Mar la madrugada del 4 de febrero de 2006, donde será detenida por la Guardia Urbana acusada de participar en los incidentes en el barrio de la Ribera y ser una de las responsables de la agresión a un policía. El texto, así como la imagen, está tomados del blog de Patricia, www.poetadifunta.blogspot.com] 



VIERNES 9 DE ENERO DE 2009

4 F SUCESOS PARA NORMALES 
Viernes 03-02-06

Alf y yo llevamos dos días locos de talasoterapia y entre cañitas universitarias, paseítos por el barrio de Gracia y carajillos pasamos el día sonriendo. 
Esta noche hemos quedado para ir a una megaloparty en la playa cuando salga de trabajar con sus compañeros de curro.
Como hay que socializar y estoy totalmente recuperada del catarro post fin de semana cumpleaños de Mikela, voy locotrónica perdida este fin de semana, que ya salí ayer con mis compañeras de clase para celebrar el aprobado de catalán.
Cuando volvemos a casa nos encontramos a Diana, que acaba de volver de Atenas, y a Amie y Djuna que se van dentro de un rato aflamenquear al Taller del Músics. Y entre marujeos y sonrisillas cañiles se nos escapan un par de horas haciendo el cabra por el hogar. 
Parece que en esta ciudad me crece más rápido el pelo, no sé si será la humedad o el despendole de noches sin dormir que llevo desde que llegué aquí, aunque es solo una broma, como lo de las uñas, porque lo tengo tan oscuro que en cuanto mide unos centímetros ya no se me ve la cabeza y parece que hubiera crecido hasta el infinito y más allá. Como está bastante largo le pido a Diana que me lo corte un poco, como al tres o así, porque hace mucho frío y se me congela el melón. Mi gorro se independizó una noche y aún no ha regresado… Pero el peine de la maquina no nos lo permite y al final me lo corto como siempre, al ras.
Últimamente no paro de pensar en cuadrados blancos y negros, de hecho en cuanto saque algo de voluntad de mi bolsillo pienso pintar así mi habitación, como si fuera un tablero de ajedrez. Y en mi parra feliz se me ocurre decirle a Diana que me corte así un lado de la cabeza.
Cuando termina me parece absolutamente maravilloso el homenaje bromista a la victoria de las blancas. Así que más feliz que una perdiz con mi nuevo corte de pelo a lo Cindy Lauper, me pongo unos piratillas negros con mis zapatos de hebillas y unas cuantas redes ceñiditas al cuerpo con mi nuevo sujetador de ejecutiva putón. Y hecha un pincelito me preparo para discurrir un poco por esta mágica ciudad… 
Cenamos en Els Tres Tombs Djuna, su novia, Amie, Diana y yo un montón de tapitas que nos cuestan un pasturrón. Esto en Madrid no pasa. Y sobre la una y cuarto me voy para la Bata a tomarme una copita hasta las 2:30 a.m. hora en que tengo que ir a recoger a Alf al Salero, el restaurante del Borne donde trabaja.
Allí me encuentro a un montón de gente y charloteo un ratillo mientras me tomo un cubatilla, entonces aparece Diana con ganas de guerra, que acaba de terminar los exámenes y últimamente ha salido muy poco. 
Le cuento a nuestra camarera favorita lo de la fiesta en la playa a ver si la lío un poco y se viene con nosotras al evento, y al final me lío yo y se me pasa la hora dando botes como una loca.
Alf me manda un mensaje a las 2:34 para preguntarme que donde ando, ya tenía que estar allí, y como no me entero porque mi abrigo esta dentro de la barra me llama a las tres, es Elena la que contesta pero hay mucho follón yo no oigo nada y quedamos en que me vuelve a llamar en diez minutos. Cuando conseguimos hablar me explica que ya no vamos a la fiesta de la playa porque hay una fiesta más apetecible en el piso de unos amigos también en el Borne. 
Al final liamos a Elena y a José Mari así que no llegaremos a la fiesta hasta que no se cierre la Bata, y entre risas y chupitos, recogemos, fregamos, y limpiamos.
A las 4:00 me manda otro mensaje Alfredo con la dirección de la casa, calle Montcada, portal antiguo, tercer piso, en un palacete al lado del Museo Picasso y cinco minutillos después me manda otro para decirnos que preguntemos por un chico muy majo que se llama David. 
Al final salimos del bar tardísimo y cuando llegamos por fin al lugar de la fiesta nos encontramos una finca antigua con un enorme patio interior rodeado de plantas y con unas escaleras de piedra que me dejan anonadada y claro está, me pierdo
Es un palacete espectacular, y todo el mundo lo conoce menos yo que voy descubriendo la ciudad muy despacito. Son las 5:20 de la madrugada y lo sé porque cuando llegamos a la puerta la música está muy alta y nadie nos oye tocar el timbre así que tengo que llamar a Alf para que nos abra mientras le vemos marujear por la enorme mirilla dorada que posee la robustísima puerta que nos impide la entrada…
El sarao resultó ser en un estudio diáfano bastante grande con suelos de madera y ventanales enormes pero al ratillo de llegar cuando aún no habíamos acabado si quiera la primera cerveza apareció la Guardia Urbana para imponer orden y paz y clausurar amigablemente la reunión, así que multa y a bajar la música, y nos da rabia porque últimamente sucede esto con bastante frecuencia y es una forma muy rápida y triste de acabar con la ciudad.
Nuestro espíritu folclórico sigue aún así latente durante un buen rato y acabamos bailando macarradas y mareándonos mientras giroteamos como posesos a ritmo de pasodobles. Como mañana hemos quedado pronto en casa para comer con Muriel, Laura y Eli y se vienen también Elena y Majo decidimos retirarnos prontito a nuestros aposentos porque si no va a cocinar dentro de un rato Rita la Cantaora.
Todos estamos convencidos de que eran las 6:30 a.m. pasadas y entre que buscamos los abrigos, salimos de la casa, quedamos con Elena, nos despedimos de José Mari y de la compi de trabajo de Alf, y fuimos a recoger nuestros respectivos vehículos pasaron al menos, mínimo, diez minutos. Nos dirigimos a la calle Princesa y cada uno toma una dirección nosotros hacia Arc del Triomf, deben ser como las siete menos diez.
Alf y yo volvemos para casa muy contentos, lo pasamos muy bien y nos reímos mucho, fue un día muy amable y tranquilón y entre risas me lleva el nene a casa en bici por las oscuras y tranquilas calles de la ciudad.
Volvemos cocidillos así que soltamos carcajadas y no paramos de hablar mientras saltan las marchas de la bici y nuestros pies empiezan a tropezar. Yo voy como flotando que me encanta desplazarme sobre ruedas por cualquier ciudad y tan divina de la vida, encima, me voy liando un cigarrito.
Es evidente que no vamos muy deprisa pero justo al girar la esquina de la calle Lluís Companys, enfrente de los Juzgados perdemos el equilibrio y, ploff!! , nos vamos los dos de cabeza al suelo.
No recuerdo claramente como caímos, de repente comenzamos a tambalearnos y un segundo después rodábamos por el suelo entre risas y dolor. No veo nada todo es muy confuso, Alf se tapa la cara con la bufanda y se sienta en el suelo, parece que sangra bastante y entonces aparecen dos chicos que nos ofrecen llamar a una ambulancia, a mi parece no dolerme nada y ni siquiera me doy cuenta de que también sangro.
Los chicos, que parece salen de un coche que estaba delante nuestro hacen la llamada y desaparecen y mientras esperamos a que llegue la ambulancia con bastante angustia intento encadenar la bici en alguna parte sin ningún éxito. Es la primera vez en mi vida que pongo barras de seguridad a un trasto de estos, en Madrid no se suele dejar la bici en la calle todo el mundo la sube a casa, y entre el estrés, la confusión y los nervios no hago más que dar vueltas a las diez mil llaves que Alf me ha dado.
Subo y bajo la calle varias veces pero no quiero agobiar al niño, no se encuentra bien y como nos parece que la ambulancia tarda demasiado vuelve a llamar al 061 para informarse, según el parte de la ambulancia la llamada se hace a las 7:00 a.m, .
La ambulancia no tarda mucho en aparecer, mientras tanto consigo enganchar la barra de seguridad trasera, son otra vez dos chicos, Alfredo esta de suerte, y mientras le examinan yo a lo mío con la bici, cada vez más estresá.
En un momento dado se me acerca uno de los enfermeros y me dice que le deje curarme entonces me toco la frente y veo sangre, el chaval me limpia el golpe y me ayuda a buscar un sitio para aparcar pero no hay ni siquiera un árbol que sirva, así que con la barra de seguridad trasera enganchada hago rodar la bici como puedo levantándola por detrás y la desplazo a la altura de la ambulancia. Se me ocurre preguntar qué hago, si me quedo allí con la bici y se llevan solo a Alfredo o qué y es entonces cuando nos dejan subir el trasto a la ambulancia, pues tras el examen deciden llevarnos al hospital a coser la ceja de Alfredo y a radiografiar nuestros cráneos, y vamos así derechitos al infierno.
Según el parte de ingreso del Hospital del Mar ingresamos a las 7:38.
No sé si influiría el hecho de que de nuevo tuve que pelearme con la bici y la barra de seguridad, aunque esta vez encontré aparcamiento rápido, en la puerta de urgencias enganchada a la barra que separa el carril de subida y bajada de vehículos.
Mira que he pisado hospitales… pues este se lleva la palma del cutrerío.
Nada más entrar accedemos a una minisala de espera con 6 asientos donde nos colocan y nos dejan esperar.
Alf está sentado en una silla de ruedas y yo en una de plástico junto a la pared, solo se me ocurre cogerle de la mano para tratar de aliviarle un poco, esperamos durante lo que parece una eternidad y me da tiempo así a enterarme de que los dos chicos que esperan junto a mi han tenido un accidente de coche del que no son responsables aunque van bastante puestos, y el anciano de la otra silla de ruedas sufre algún trastorno mental serio porque no para de gritar que le lleven al Hospital del Mar.
Justo cuando empezamos a perder el conocimiento nos hacen por fin pasar, salimos de oniria con bastante buen humor y bacileamos un rato con los celadores sobre la cirugía estética y el macramé, a ver cómo le deja la cara al niño...
Cuando por fin deciden coserle me hacen salir fuera, la última imagen que tengo es la de Alf tumbado en la camilla con la cara hinchada y un reguero de sangre chorreándole desde la ceja hasta la sien. Deben de ser las 8:30, lo sé porque en algún momento mire el reloj y pensé en nuestra cita en la cocina de la una y media.
Ahora no se qué hacer, nadie me dice nada, así que me vuelvo a la sala de espera de freakie town y me doy cuenta de que tengo ganas de orinar, por suerte el baño esta justo al lado de la minisala y no me pierdo en infinitos pasillos verdes por los que jamás sabría regresar. Cuando entro me miro la cara en el espejo y no parece que este tan mal, lo que más destaca es un bulto verdoso en la frente con herida incluida, pero nada más. Salgo del baño rauda y distraída, no sea que me vayan a llamar, y me doy de bruces con tres o cuatro urbanos y tres chicos detenidos y esposados de cara a la pared.
Me siento allí a esperar y los miro a todos con cierta curiosidad, los detenidos son jóvenes, tienen pinta de punkis y están bastante desaliñados, sucios y ensangrentados, podrían haber hecho cualquier cosa. Y en los urbanos me fijo poco porque no me molestan para vivir, y perdida en estas tesituras ando cuando levanto la vista y veo al anciano senil hacerme señas para que me acerque.
Imagino que estaba algo incomoda porque me levante y me fui a mi antiguo asiento sin rechistar. Allí encuentro la enorme bufanda verde de Alf, que ahora está llena de sangre, y cuando la tengo bien agarrada entra un urbano y me ordena que salga fuera otra vez, me levanto con la bufanda en las manos y la dejo en un asiento junto a mí.



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