diumenge, 7 de novembre de 2010

Un estudio sobre el cruising en Barcelona: "Intercambio sexual en espacios urbanos", de José Antonio Langirca

Entre los trabajos de investigación del máster en Antropología y Etnografia de la UB que he dirigido y que se han presentado este pasado mes de septiembre, ha estado el defendido por JOSÉ ANTONIO LANGARICA titulado INTERCAMBIO SEXUAL EN ESPACIOS URBANOS: LA PRÁCTICA DEL CRUISING EN EL PARQUE DE MONTJUÏC, una excelente investigación sobre una forma de apropiación sexual de espacios públicos urbanos: el cruising, es decir el intercambio sexual entre desconocidos -siempre relativos- en exteriores urbanos, en este caso en el parque de Montjuïc. En el tribunal estuvimos Joan Bestard, Oscar Guasch y yo y la nota obtenida fue la máxima, es decir Sobresaliente con opción a Matrícula de Honor. La imagen que acompaña la entrada es del propio José Antonio y corresponde al lugar estudiado.
Lo que plantea esta tesina es que la ciudad como espacio de la modernidad ha resultado un elemento clave para la organización social y la creación de nuevos vínculos. El sociólogo Henning Bech plantea que la ciudad es el mundo propio del homosexual, ya que la gran urbe ha permitido la configuración de un estilo de vida propio a partir de la experiencia minoritaria. Sin embargo, la ciudad no ha evitado que aquellos que organizan sus deseos sexuales en un modo diferente al heterosexual dejen de sufrir las diferentes formas de estigmatización derivadas de esta elección.
Esta necesidad de construir espacios de minorías se debe a la existencia de una mayoría que configura el entorno social bajo el paradigma del deseo entre el binomio hombre/mujer. De manera que el espacio urbano, entre otros elementos, se regula por una lógica heterosexual que a partir de diferentes ejercicios de inclusión y exclusión gestiona la ordenación del deseo sexual. Es así, como la heterosexualidad, en tanto que estilo de vida hegemónico hace del espacio público un lugar para la diferencia social. Pero además, el espacio privado tampoco es un lugar de aceptación de la diferencia, ya que en el hogar, la familia es la institución encargada de regular la ordenación sexual, de manera que la homosexualidad se convierte en un elemento que también se debe ocultar en la escena más privada, en cualquier caso, como explica Oscar Guasch, la homosexualidad es algo que se confiesa, no que se cuenta. Este es el motivo por el que los gays a lo largo de su vida han sabido elaborar los mecanismos que permitan el ocultamiento de sus deseos sexuales en los escenarios más cercanos.
La homosexualidad es especialmente problemática para la antropología en la medida en que pone sobre la mesa si se trata de una cuestión local o universal de la cultura. Siguiendo a Gilbert Herdt y a otros autores como Judith Butler o José Antonio Nieto, podemos admitir que el comportamiento sexual es un producto cultural. Este hecho nos impide separar lo social y lo sexual como si de dos dimensiones distintas de análisis se tratase. El sexo es cultura. Pero pensar de este modo la sexualidad también nos lleva a la certeza de que como actividad social, el sexo tiene asociadas unas normas y etiquetas que pretenden regularlo y ordenarlo. La norma primordial que regula en sexo en nuestra sociedad es inequívocamente la norma de la heterosexualidad. En tanto que producto cultural, sus discursos, lecturas e interpretaciones varían a lo largo del tiempo y de los diferentes escenarios culturales.
Tomar el ejercicio del intercambio sexual anónimo como instrumento de análisis permite el acercamiento a una situación estructural a partir de una actividad social concreta. El cruising se presenta como el resultado de una relación de desigualdad social que se genera gracias al orden sexual establecido a partir de los parámetros del pensamiento heterosexual. Es por ello por lo que entorno a él se ha desarrollado un ritual de interacción concreto. Los objetivos de esta interacción son fundamentalmente la rapidez y el anonimato, y para ello los participantes utilizan diferentes técnicas basándose principalmente en la comunicación corporal y la evitación del lenguaje verbal. Cuando el acuerdo sexual se establece sin un intercambio verbal previo, la interacción se vuelve mucho menos reveladora y por tanto más anónima. A su vez, en la medida en que existe un lenguaje corporal compartido, es posible agilizar los acuerdos y llegar con facilidad al acto sexual. Sin embargo también existen otros factores que contribuyen al desarrollo de esta interacción que son producto de un sistema de clasificación cultural. Es decir, en la puesta en marcha del ritual existen valores relativos a la edad de los participantes, a su origen cultural, así como a su apariencia física que les permite participar en mayor o menor medida en los diferentes juegos sexuales.
No todos los espacios son válidos para llevar a cabo este tipo de actividades, ya que deben garantizar el acceso de las personas interesadas en la práctica y a su vez la seguridad de que se pueda llevar a cabo con relativa tranquilidad, es por ello por lo que se trata de espacios que ofrecen pequeños rincones para el ocultamiento del acto sexual explicito, pero que también permitan reconocer a los viandantes con este propósito. Finalmente, el ritual de intercambio sexual anónimo tiene múltiples recorridos en función del espacio y de cada participante, sin embargo podemos reconocer tres fases principales en el ritual. Una primera fase relacionada con la espera y el reconocimiento, en la que cada nuevo usuario hace una valoración de los participantes. Una segunda fase en la que se selecciona a a alguno de los otros usuarios como candidato para la itnteracción y se inicia la negociación que conduce al acto sexual. Esta negociación se basa fundamentalmente en un juego de miradas y provocaciones con la muestra de los genitales. Y finalmente, se puede observar una tercera fase en la que los participantes se dirigen hacia las zonas de mayor ocultamiento para llevar a cabo el acto sexual. Una vez la interacción ha finalizado y los jugadores han visto satisfechos sus deseos se retiran de las zonas de cruising y se reintegran a su vida “normal”.


Canals de vídeo

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