dimarts, 12 d’octubre de 2010

Notas para Claudia Contreras sobre etnografía en el metro y anuncio de dos excelentes novedades de Jane Jacobs y Henri Lefebvre

De entrada, te recuerdo las dos magníficas noticias de las que te hablé: la reedición de Muerte y vida en las grandes ciudades, el extraordinario libro de Jane Jacobs del que la edición castellana de Península había desaparecido, y la traducción –por fin; no recuerdo ninguna anterior– de La production de l'espace social, para mi el mejor libro de Henri Lefebvre. Ese doble notición, dos grandes alegrías, se las deberemos en breve a la editorial Capital Swing. Estoy feliz porque la editorial me ha pedido el prólogo para esa nueva edición del libro de Jacobs, que para mi tuvo en su momento un efecto de total iluminación. La editorial está muy bien. Mira su pàgina capitanswinglibros.com/portada.php.

Yendo a lo que hablamos en el despacho. Lo que te he estado proponiendo es que apliques –como intento explicar en aquel artículo sobre naturalismo y realismo en etnografía urbana– una observación que busque estudiar fenómenos no planificados ni provocados, que se dan en un escenario cuyas condiciones no han sido manipuladas previamente. Ese protagonismo del medio y sus constreñimientos olvide subrayarte que nos lleva a métodos parecidos a los de la etología y basados preferentemente en la observación no obstrusiva, por mucho que no se descarte el recurso a la entrevista, como te dije. No olvides –yo sí me olvide de mencionártelo– que el modelo etológico sólo enfatiza la ritualización y, por extensión, la condición social en la conducta humana, por cuanto ésta sólo puede ser reconocida como en función de los acuerdos –a veces conflictivos– que los seres humanos establecen entre sí y con los elementos móviles o estables de su ambiente. La asunción del naturalismo etológico tiene que ver, a su vez, con esa predisposición a captar lo que está en todo momento a punto de ocurrir, puesto que a una distribución más o menos previsible de sucesos se le añaden todo tipo de acontecimientos –a veces mínimos– inopinados. De ahí lo que propone Colette Pettonet: la observación flotante como una estrategia para la captación de la actividad social en espacios públicos, consistente en estar atento y abierto a los avatares de una actividad social que no hace otra cosa que fluir. La referencia es: "L'observation flottante. L'exemple d'un cimitière parisien". L'Homme. XXII/4 (1982): 37-47.

En cierto modo, el tipo de descripción naturalista que te proponto se asemeja a lo que Geertz, en Conocimiento local (Gedisa) define –siguiendo a Ryle– como descripción superficial, contrastándola con la descripción densa que incorpora las estructuras conceptuales complejas que distribuyen y hacen reconocible en común el sentido de la acción humana. Esa despreocupación por el supuesto significado profundo es deliberada y responde a la premisa teórica que reconoce las interacciones en público como las que quieres observar –relaciones transitorias entre transeúntes– como superficiales, no en el sentido de triviales, sino en tanto que basadas en la percepción inmediata de lo mostrado –lo que se ve, lo que se escucha en el transcurso mismo de la acción–. Los enunciados que generan y perciben los transeúntes recuerdan a lo que los etólogos llaman displays de intención, señales que los seres vivos emiten acerca de la finalidad inmediata de cada uno de sus actos. Ahí hay, entonces, no tanto significados profundos –como los que distribuye una determinada cosmovisión propia de un grupo culturalmente definido– sino apreciaciones prácticas sobre lo inminente, lo que está a punto de suceder. Los lenguajes naturales de los usuarios de un determinado espacio público, tu asunto, recuerda que están orientados a organizar una animación social automática, concierto provisional de personas que se reúnen y pactan su copresencia a partir de un mecanismo colosal de desafiliación cultural, entendiendo ahora lo cultural como relativo a un orden simbólico compartido en condiciones de jerarquizar los diferentes elementos de la experiencia. Estamos ante lo que el interaccionismo goffmaniano llama los avatares de la vida pública, entendida como el conjunto de agregaciones casuales que se forman y se diluyen continuamente, reguladas por normas conscientes o inconscientes, con frecuencia no premeditadas, niveles normativos que se entrecruzan y se interponen, traspasando distinciones sociales u órdenes culturales más tradicionales.

Un ejemplo clásico de método no intrusivo es la investigación de Lincoln Ryave y James N. Schenlein. 1974. “Notes on the art of walking”, en R. Turner (editor). Ethnomethodology (Penguin), sobre las maneras de caminar de los usuarios que atraviesan un determinado espacio público. Ten presente que las metodologías llamadas no obstrusivas –o no intrusivas, o no reactivas– consisten en formas de registro –simple o con la ayuda de máquinas– que buscan captar la conducta observable, anulando al máximo la eventual incidencia que pueda ejercer el investigador sobre su objeto. La observación se lleva a cabo de manera no tanto oculta, como disimulada o encubierta. Plantear este tipo de técnicas de naturalismo radical como no interactivas es inexacto, por cuanto, en contextos públicos, organizados a partir del distanciamiento y la reserva que mantienen entre sí las personas copresentes, la indiferencia y el anonimato tienen funciones estructurantes. El ejercicio de una mirada discreta integra al investigador en un medio todo él hecho de relaciones sociales nada o poco focalizadas. En cuanto a la entrevista personal –que parece usurpar cada vez más el lugar central en los trabajos de investigación– es un recurso pertinente, pero se la devuelve al lugar subordinado que le corresponde en el método etnográfico. Por supuesto que esta apreciación es válida especialmente para trabajos centrados en usos y prácticas, y lo es menos cuando –como ocurre con los consagrados a la memoria o los imaginarios urbanos– la entrevista es la única fórmula que nos permite acceder a los significados que los actores sociales atribuyen a los elementos de su medio ambiente.

Te adjunto en pdf uno de los textos de la compilación de Grosjean y Thiebaud que te mencionaba. Es un ensayo de etología de espacios públicos cuyo escenario en la Place de la Republique de Lyon. Es de Jacques Cosnier y se titular "L'ethologie des espaces publiques". Está muy bien.

En cuanto a las lecturas, recuerda que lo que te conviene es sortear la tentación del ensayo y centrarte en los intentos que ha habido de generar una metodología capaz de dar cuenta de la acumulación de información que puede suponer la observación de un espacio público tan concurrido como el que aspiras a conocer. Te recomiendo, al respecto, que trabajes lo de John y Lynn Lofland, sobre todo. Tienes en la biblioteca Analyzing Social Settings. A Guide to Qualitative Observation and Analysis. (Wadworth Publishing); Doing Social Life: The Qualitative Study of Human Internaction in Natural Settings (Basic Books); A Word of Strangers (Wabeland); y The Public Realm. Exploring the City's Quintessential Social Territory (Aldine de Gruyter). Te mencione al final otro buen manual: Chelkoff, Grégoire i Jean-Paul Thibaud, L'espace public en méthodes (Parenthèses). Está muy bien.

Luego, como te dije, todo lo que encuentres de Ray L. Birdwhistell y de E.T. Hall. Esa es la perspectiva que sería interesante de recuperar. Por cierto, en la clásica compilación de MaLuhan El aula sin muros (Cultura Popular), hay una aportación muy interesante para ti, porque es en la que Birdwhistell analiza, con su método de registro y anàlisis de kinemas, a una madre que riñe a su pequeño en un autobús. Se titula "Cinésica y comunicación". En cuanto a transportes públicos, el libro de Augé sobre el metro es más bien superficial, interesante sólo como pieza literaria si de caso. Céntrate en los trabajos de Isaac Joseph: Gare du Nord. Modes d’emploi (Plain Urbaim/RATP) y Météor. Les métamorphoses du mêtro (Economique), más la compilación Villes en gare (L’Aube).

He pensado cosas especialmente indicadas para ti, además, el artículo de A. Pény, "Le paysage du métro", Annales de la Recherche Urbaine, 57-58 (1992): 16-23, o el libro de Eliseo Verón, Le métro, empire des signes (RATP-Prospective). Y a ver si encuentras el texto de Grégoire Chelkoff y Jean-Paul Thibaud. 2000. "Un nouvel objet d'ambiances: la ville souterraine", que está en la compilación de A Marie-Flore Mattei y Denise Pumain, Donées urbaines (Anthropos-Economica). Si no lo encuentras, te lo paso.

Y, por último, si te diera por recuperar el asunto de las máquinas expendedoras, tienes un libro dedicado íntegramente al asunto: Dominique Boullier, L'être automate. Espaces, machines et voyageurs à Montparnasse. (Euristic-média/RATP).

[La fotografía de la entrada es de Matt Weber y procede de www.weber-street-photography.com]


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