dimecres, 23 d’octubre de 2013

Lo inercial en la revolución y la guerra españolas. Para Chris Ealham (Lancaster University) por la aparición de su "España fragmentada" (Comares)


Una de las fotos de Gerda Taro en Barcelona, en agosto de 1937
Ante todo, muchas gracias por haberme enviado tu último libro, España fragmentada. Historia cultural y Guerra Civil española, que te ha publicado Comares. No sabes lo que me alegra que hayas encontrado pertinente reunir estos textos que abordan el conflicto civil en España y sus precedentes inmediatos desde una perspectiva que coloca la cultura en un lugar explicativo estratégico, entendiendo "cultura" en el sentido que lo hacéis, como el conjunto de las maneras de hacer, o de las tecnologías materiales e ideacionales con que las miembros de una determinada sociedad se relacionan entre ellos y con el mundo. Ese tipo de aproximación, lejos del esencialismo de ciertos culturalismos y su manía de dar por supuesta la autonomía de los hechos culturales. Creo que esa es una línea, que no cuestiona la naturaleza en última instancia determinante de factores políticos y económicos claves, pero que trasciende la autocomplacencia de una historia contemporánea con frecuencia limitada a ser historia de las instituciones y a despreciar el papel de lo inconsciente –entendido no en un sentido freudiano, sino en el de simplemente lo inercial– en la configuración de ciertos acontecimientos. En su día, fue una visión llevada a cabo desde esa perspectiva, la de Gabrielle Ranzato en su artículo "Dies irae: la persecuzione religiosa nella zona republicana durante la Guerra civile spagnola (1936-1939)” (Movimento Operaio e Socialista, 2, 11, 1988) , lo que tuvo virtudes iluminadoras absolutas sobre lo que estaba siendo mi tesis sobre iconoclastia en España.

La colección de textos que Michael Richard y tú habéis reunido me parece ciertamente interesantísima, sobre todo por la atención que merecen los asuntos que más he trabajado y que me han dado a pensar y a aprender. En efecto, tanto la violencia ritual como el espacio urbano –no sabes lo que me cuesta explicar siempre que para mi nunca han sido dos asuntos separados– gozan de un protagonismo central en casi todos los artículos, lo que me ha hecho devorarlos con verdades avidez.

Es importante que el artículo de Eduardo González sobre el simbolismo de la violencia empiece con una toma de posición valiente, como la que define la violencia como lo que es, es decir como un sistema de comunicación cuyos códigos es posible descifrar. Nada que ver con las lecturas oficiales que tienen a irracionalizar la violencia y reconocerla como una instancia asocial.

El aporte de Xose Manuel Núñez, "Naciones en armas contra el invasor", es igualmente interesante, sobre todo porque desarrolla lo que fue un proceso de alterización o incluso animalización del enemigo por parte de los diferentes nacionalismos que asumieron un papel ideológico fundamental en el conflicto civil, porque al fin y al cabo lo que venían a generar y sostener es que es conflicto no era realmente civil, en el sentido que el enemigo era representado como extranjero, bárbaros, invasores, gentes que "no eran de aquí", con frecuencia dando a entender que no es que no sólo no fueran de "nuestra patria", sino que ni siquiera lo eran de nuestro mundo, hasta tal punto se les escamoteaba una naturaleza propiamente humana.

Era previsible que el artículo "Las llaves del reino", de Mary Vicent, me pareciese especialmente atractivo. Su temática es la mía. No sabes cómo me alegra ver como la perspectiva en la que me comprometí en su día, a la hora de plantear la necesidad de indagar en las claves culturales del anticlericalismo violento español del siglo XX, está siendo compartida. No se trata, por supuesto, de que las interpretaciones sean las mismas, sino que están animadas por esa misma necesidad por encontrar las estructuras desde las que tanto los actores como las propias víctimas de los sucesos otorgaban a estos significado. Felicita a Mary de mi parte, por favor.

Su trabajo lo he conectado con el de Francisco Javier Capistegui, "La Vendée española", sobre el lugar de la identidad carlista, y "Presentando armas al Santísimo Sacramento", de Michael Richards, sobre el papel de la legión en la Semana Santa de la Málaga en guerra. Ambos magníficos.

Ya conocíamos muchos la manera como Enric Ucelay ha trabajado su tipificación de lo que podríamos llamar el "maciaismo" y la política de Esquerra Republicana como una variable local de populismo, no exenta de ciertos toques paramilitares. Tiene sus razones y a lo que dice no le falta coherencia. Cuando menos, debo reconocer que lo que explica me parece plausible. Su texto, "El populismo catalán en la guerra civil española" me pone al corriente, no obstante, de cosas que no sabía y en las que voy a tener que profundizar porque me parecen importantes. Una de ellas es, por ejemplo, el papel que jugó la CNT catalana en los hechos de octubre del 34, no sólo, en una extraña inversión de papeles, obligando a abrir a los comerciantes que se habían sumado a la huelga, sino negándose a apoyar las movilizaciones de protesta por la sangrienta represión con que se sofocó la revolución asturiana. Luego, lo cerca que estuvo el Bloc Obrer i Camperol, antes de unirse al POUM, de devenir una suerte de partico nacionalbolchevique a la catalana, sobre todo por la fascinación que parecía experimentar por el "comunismo independiente" de Jacques Doriot, quien posteriormente fundara el Partido Popular Francés y se convirtió en uno de los grandes legitimadores teóricos del colaboracionismo con los nazis. Y, por último, me parece muy adecuado que Enric nos advierta de la tentación de dar por buena esa idealización simplificadora de los hechos de mayo del 37, de los que los poumistas fueron los paganos, pero que fue en buena medida un ajuste de cuentas entre fracciones de la CNT, que aprovechó el PSUC para ocupar en cierto modo el papel hegemónico que ERC había jugado hasta entonces, incluyendo no pocos de sus ingredientes populistas.

Luego está tu texto, Chris, el del "El mito de la multitud enloquecida", sobre el urbanismo revolucionario en Barcelona, la manera como la revolución puede ser leída en términos ecológicos, en el sentido de actuando y dialogando con escenarios que eran radicalmente transformados No he podido dejar de pensar en un libro que veo que citas y que para mi fue revelador, que fue el de Pere López Sánchez sobre la lucha entre los "dos urbanismos" en la Setmana Tràgica de 1909: Un verano con mil julios y otras estaciones (Siglo XXI). Por cierto, muchas gracias por confirmar una cosa que Gerard Horta siempre menciona, pero de la que no había encontrado otra referencia. Hablo del contencioso que los revolucionarios, especialmente los anarquistas, con los semáforos, incluso la pretensión en cierto momento de suprimirlos en nombre de la aplicación de los principios de responsabilidad personal también en el plano de la conducción de automóviles. Lo que cuenta sobre la proletarización del paisaje urbano me parece precioso.

También ilustra esa dimensión digamos topográfica de una revolución urbana el trabajo de Pamela Radcliff, "La cultura del empoderamiento en Gijón, 1936-1937", sobre todo por cuanto ilustra la asunción por parte de los sectores más transformadores de la sociedad de premisas urbanísticas típicamente afines al Movimiento Moderno –descongestión, belleza, equilibrio, organicidad­–, incluyendo una cierta obsesión normativizadora, como la que se concretara en el proyecto de destruir los balcones que sobresalieran demasiado sobre las aceras.

"Viejos símbolos, nuevos significados", la contribución de Rafael Cruz –que, por cierto, fue quien me encargo hace ya años un artículo para el número de Ayer dedicado al anticlericalismo– me parece igualmente valioso, aparte de una cierta actualidad, explicándonos como nos explica los avatares de la asunción del bando franquista de la bandera rojigualda, que, como sabes, es hoy la de una destacado equipo de fútbol. También en este caso está bien que se nos advierta de la naturaleza compleja y compuesta del bando sublevado, al que también hacemos víctima de una cierta simplificación.

En fin, que enhorabuena por tu labor de reunir estos materiales y déjame insistir en mi compromiso en darle a este libro todo el eco que esté en mi mano.
Un abrazo,


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