dimarts, 22 de juny de 2010

Homenaje a Teresa San Román


Hace unos días los colegas de la Universitat Autònoma de Barcelona le rindieron un homenaje a Teresa San Román, que se jubilaba. La foto se la eché ese día.
Nada que añadir sobre una brillante andadura intelectual y académica de una mujer ciertamente valiosa. Para hacerse una idea y contemplarla desde su propia perspectiva, tenemos algunas entrevistas recientes en Periferia www.raco.cat/index.php/Periferia/article/view/146583/198403 o en la Revista d’Estudis de la Violència, www.icev.cat/entrevista_teresasanroman.pdf. Las dos son del 2007.

Pero por supuesto que acudí movido también por un sentimiento personal de agradecimiento que creo que estaba más que justificado. El primer recuerdo que tengo de Teresa es del día que vino a hacernos una clase en la asignatura de Etnografia dels Pobles ibèrics, invitada por Josefina Roma. Sería en algún momento de 1982 o 1983, en los barracones Florensa, cuando la Facultat de Geografia i Història estaba en Pedralbes. Nos habló de su trabajo con gitanos, que ya conocíamos por su Vecinos gitanos (Akal). Luego, cuando iba tirando haciendo sustituciones, recuerdo que le hacía las clases cuando estaba un poco más delicada de la cuenta, ella, con su cosa del corazón. Siempre me pareció sorprendente que una mujer de salud tan frágil transmitiera esa sensación de autoridad, fortaleza y seguridad en sí misma. Desde entonces he tenido con ella una relación un poco extraña, pero bien divertida. Teresa siempre me trata como si fuera una especie de hijo al que hay que pasarse el tiempo riñendo. Cariñosamente, por supuesto. Pero de veras que tengo siempre la impresión de que está a punto de pegarme un sopapo. Cariñoso, por supuesto.

Luego nos hemos ido encontrando. A ver si hago memoria… Acudí a la celebración que se hiuzo la cuando le concedieron el Premi Rogeli Duocastella por Vejez y cultura. En los límites del sistema, que le publicaría luego la Fundació la Caixa. Creo que eso sería en 1990. Recuerdo a mediados de los 90 una mesa redonda sobre la antropología en general y su futuro en el Congreso de Estudiantes de Antropología, una cita que es una pena que ya no se organice. Recuerdo que me fue imposible discutir con ella, porque llevarla la contraría me parecía una falta de respeto inaceptable para mi mismo.
Recuerdo también haberle llevado a su casa en Cerdanyola la tesis doctoral de Alberto Cardín, Dialéctica y canibalismo, leída en el 1990 y que luego, tres años después, le publicaría Anagrama. Se la dirigió Ramón Valdés. Alberto no tenía coche y me ofrecí a hacerle el mandado, porque él ya no andaba muy bien de lo suyo.

Más tarde coincidimos en el tribunal de dos tesis doctorales. La de Elisenda Ardévol, La mirada antropológica o la antropología de la mirada. De la representación visual de las culturas. La càmara de video como técnica de investigación etnográfica, en 1995, dirigida por Alexander Moore, y Bajo el signo del gueto. Imágenes del “inmigrante” en Ciutat Vella, dirigida por Verena Stolke, en 2001, las dos leídas en la UAB.

Me la volví a encontrar en el homenaje a Ramón Valdés del Toro, en el 2002, también en la UAB. Ramón luego nos invitó a cenar a su casa. Tengo un gran recuerdo de aquella velada.
Por supuesto que la deuda intelectual con ella ha sido fundamental para mí. He empleado sistemáticamente lo que explica sobre la marginación y, cuando montamos aquella exposición en el CCCB, La ciutat de la diferencia, en el 1996, una buena parte se inspiró en su Los muros de la separación, que le acababa de sacar siglo XXI.

En fin, que he ahí una mujer a la que merece la pena querer. Se lo merece ella y nos lo merecemos nosotros.


Canals de vídeo

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