dissabte, 21 d’abril de 2012

Lo que Lévi-Strauss no alcanzó a hacer antes de morir. Mensaje para Verena Stolcke a propósito de la relación entre Claude Lévi-Straiss y Pierre MacOrlan

Correo electrónico dirigido a Verena Stolcke, en respuesta a uno suyo sobre mi intervención en el acto de presentación del número especial de la revista Quaderns de l'Institut Català d'Antropologia, dedicado a la figura de Claude Lévi-Strauss.

De verdad que te agradezco tus palabras. La verdad es que me quedé con la impresión de que mi decisión de concluir nuestro homenaje a Lévi-Strauss con la secuencia final de "Pépé-le-Moko" no merecía el vistobueno unánime del público que asistió a la presentación del número de Quaderns. Y no lo digo por el comentario de Aurora, a la que agradezco profundamente su habitual sinceridad –con la que todavía se gana más el respeto y el cariño que me merece-, sino porque creo que muchos de los presentes esperaban algo más “académico” en el cierre del acto.
En cambio, cuanto más lo pienso más creo que era adecuado y que el homeneajado lo merecía. Hacia unos días que en la Universidad de Sevilla, en un acto también relacionado con la desaparición de L-S que habia organizado el Departamento de Antropología Social –me invitó muy amablemente Esther Fernández de Paz-, había podido explicar más ampliamente lo que pensaba sobre los apuntes cinematográficos de Lévi-Strauss, en concreto sobre cómo el cine reproducía para él el mecanismo que, en otras culturas y de la mano del ritual, permitía convertir lo discreto en continuo y al revés. Pero no era sólo ese aprovechamiento teórico del cine como instrumento al servicio de ciertas operaciones de la inteligencia humana. Era también poner el acento en los gustos “triviales” de Lévi-Strauss en materia cinematográfica, su afición por el western y las películas musicales de Jacques Demy, gustos de los que he podido saber más gracias a la pista que Roger Canals me ha propiciado ahora al advertirme de una entrevista con Lévi-Strauss en un número de 1964 de Cahiers du Cinema. Lo que realmente me fascinaba y me conmovía y lo que quería compartir y dar a conocer, es lo que L-S reconocía en la entrevista que le hiciera Didier Eribon y que apareció bajo el título de De près et de loin: que la felicitación por Tristes trópicos que más le llegó al alma fue la de Pierre Mac Orlan, un modesto escritor de novelitas de aventuras que Lévi-Strauss "había adorado cuando era adolescente”. Dice L-S.: “Probablemente la había gustado mi libro porque, sin esperárselo, encontraba cosas que venían de él”. Esa alusión la puedes encontrar en el capítulo 5, en las páginas 8-9 de la traducción catalana del libro, De prop i de lluny (Orbión, 1994).
Más adelante, en el capitulo 9, L-S reconoce que su gran frustración fue siempre no haber sido capaz de escribir una obra de “de acción”. Es en ese momento cuando confiesa que las páginas en itálica al principio de Tristes trópicos, describiendo una puesta de sol desde la cubierta de un barco, era lo que había sobrevivido de una frustrada novela de aventuras exóticas, que abandonó porque “era demasiado mala” y de la que sólo sobrevivió el título y esas páginas.
Fue ese tipo de consideraciones la que me invitó a pensar que Lévi-Strauss merecía que alguien recordase no sólo el valor de su inmensa aportación intelectual, sino la grandeza de reconocer que toda su inteligencia y su lucidez no le dieron para escribir una historia como la de Pépé-le-Moko. La grandeza de Lévi-Strauss se trasladaba entonces de lo que todo el mundo sabe que fue capaz de hacer a lo que él mismo recoonocía con tristeza que era uno de sus grandes fracasos, lo que no había sido capaz de alcanzar: la concepción de un senciillo y apasionado drama de amor e intrepidez, en un escenario remoto.
Un beso,


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